Gatos ¿para qué os quiero?

En el Egipto antiguo los gatos eran adorados como deidades y sus artistas los representaban con ojos diseñados con gemas talladas para resaltar la trascendencia de su figura y la importancia de un animal en el elenco inmortal de los cielos.

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Los gatos son mascotas divertidos y juguetones

Sin esa reputación inmortal, nuestros gatos de hoy, los mismos que podemos ver saltar como cachorros y comprar en una tienda de animales, mantienen un aura misterioso con movimientos y comportamientos que no vemos en otros animales más que en los felinos. Ese es parte de su encanto.

Pero ¿qué otros atributos del gato pueden hacernos decidir por acogerlos como mascotas? Si aún no los ha descubierto, le vamos a proponer que interprete si alguno de nuestros argumentos en su favor le resultan concluyentes como para adoptar uno.

Un primer argumento en favor del gato es que es un animal que cuida de sí mismo. ¿Cuántas mascotas conoce de una tienda de animales que sea tan independiente? Sólo hay que ver al gato como se acicala antes y después de cada comida, cómo cuida de su pelaje, para caer en la cuenta de que el gato sigue su propio ritmo de vida.

A su gato nunca tendrá que bañarlo, y no por ello tendrá menos salud. Algo que no podrá decir de otros animales. Es más, su gato, si se le da la oportunidad, se buscará su propia comida.

Si un gato ha aprendido a cazar, no le será fácil seguir ese instinto por mucho que usted le indique que en casa siempre le estará esperando su alimentación, su pienso, su comida adaptada. Y es que la independencia del gato forma parte también de su misterio, se puede saber cuando sale de casa, pero no donde ha estado en el tiempo en el que ha desaparecido de nuestra vista.

Otra razón es que los gatos son divertidos y graciosos. ¿Qué no? Haga la prueba, con los que conozca de sus amistades o los que tengan otros familiares en casa. Juegue con ellos, rételos a lo que más les gusta a las acciones parecidas a cazar, a saltar y verá por sí mismo de lo que estamos hablando.

Y si no, eche un vistazo en una tienda de animales a la gran cantidad de juguetes que los fabricantes ofrecen para comprar en todos los colores, en todas las formas posibles, porque su gusto por el movimiento, por los sonidos y por las texturas forma parte de su idiosincracia animal.

En el mismo sentido, podemos decir que los gatos son animosos para el trato con las personas, se puede decir que serán nuestros mejores amigos en casa. Todo, teniendo en cuenta que un gato nunca se comportará como un perro, que su relación con nosotros a veces girará de acuerdo a su convenciencia en la búsqueda de alimento, calor y, a fin de cuentas, de confort. Pero, se trata de un gato y ese es su comportamiento de socialización con los humanos.

Un dato que nos puede ayudar a comprender hasta qué punto el animal se puede sentir a gusto en nuestra casa es su afición a traernos ‘trofeos’, a compartir con nosotros su cacería nocturna. A los cuidadores de gatos novatos esa actividad les parecerá simplemente asquerosa y será, sin duda, motivo de castigo para el animal. Sin embargo, lo que nos cuentan esas actividades es, aunque pueda ser increíble, que el gato nos acepta como su igual. Nada menos. ¿Agradecimiento gatuno?, probablemente. Pero a su manera.

Otro argumento a favor de los gatos es que tienen siete vidas. Bueno, dicho así, resulta de fábula y hasta infantil, pero lo que se esconde detrás de ese argumento afortunado es una realidad y es la gran resistencia de un animal que, a simple vista, parece frágil.

Sin embargo, mirando bien al gato, observando su comportamiento, sus movimientos y la estructura de su cuerpo no es difícil descubrir el éxito de su diseño natural como animal.

Un diseño que se orienta en la dirección de convertirlo en un animal precavido, flexible hasta la elasticidad y cuidadoso con lo que come. Sin duda, argumentos que pueden garantizar su longevidad y su buen estado de salud sin apenas la intervención de los cuidadores.

Si estos argumentos le han sido útiles, al menos para llamar su atención sobre los valores naturales de estos felinos con los que compartimos cuevas y viviendas desde hace 8.000 años, tal vez sea el momento de que los conozca en persona. Su dirección: La tienda de animales más cercana, probablemente a la vuelta de la esquina de su casa.

Dolor de perros

Los dolores musculares, lo que se conoce como trastornos miopáticos, son una serie de afecciones de la salud que atacan a las personas y que tienen un origen muy diverso.

La detección precoz de trastornos musculares puede ayudar a frenar este tipo de afecciones

Los seres humanos podemos manifestar el alcance de nuestras dolencias musculares y ayudar a resolver el problema, pero en el caso de los animales, en el caso de los perros, por ejemplo, que por supuesto también las padecen, su solución se hace más complicada.

Complicada porque cualquier detección precoz puede ayudar a que, en su caso, el avance de la afección se pueda frenar o incluso revertir, pero en la mayoría de los casos, los cuidadores menos expertos o dedicados confunden los síntomas con otro tipo de alteraciones de la salud y hasta se quedan indecisos para dar el paso de poner al perro en manos de un especialista veterinario que haga frente al problema con un tratamiento a la medida de la dolencia.

Es común, por ejemplo, que se cambie la comida del perro, que se le de otro pienso para perros, en la idea de que el animal pueda estar desganado porque no asimile bien su alimentación. Es más, los cuidadores con menos experiencia suelen acudir en primer lugar a una tienda de animales a comprar suplementos y comida alternativa para que su mascota reaccione a la postración que han detectado.

Porque de eso se trata, el animal afectado por trastornos musculares se queda poco más o menos que postrado con escaso movimiento.

El origen de los dolores físicos, de los trastornos miopáticos en un perro puede ser consecuencia de alteraciones neuronales, degeneraciones típicas de algunas razas o por desgastes de sus músculos, más o menos naturales, en especial en animales mayores y de edad avanzada.

Las condiciones que alertan de trastornos miopáticos en los perros son, por regla general, advertir que las mascotas presentan un aparente estado de debilidad, que no juegan, que permanecen echados durante una parte importante del día contra su costumbre y su carácter.

Es lo que podríamos llamar cierta intolerancia a hacer ejercicios, y todo, aún si se le ofrece su juguete preferido, de esos que podemos comprar en tiendas de animales, juguetes de rodar, saltar o morder, para moverlos y generar estímulos de caza que habitualmente hacen reaccionar a los perros y los activan físicamente.

También se adivinan los trastornos miopáticos en la marcha desacompasada del andar ordinario del perro, cuando revelan una cierta rigidez, o temblores en las articulaciones y en el cuerpo que se pueden confundir con escalofríos, como en los humanos, sobre todo entre los cuidadores menos experimentados y perspicaces.

En casos más complicados, se puede detectar extremidades atrofiadas o contracturadas con dolor que a simple vista se pueden entender como la rotura de ligamentos o hasta de patas partidas porque el animal desarrolla una cojera que induce al cuidador a pensar también en ese argumento.

También suele ser un signo de la presencia de dolores musculares una postura muy frecuente del perro, la de estar sentado sobre sus cuartos traseros, como si esperara su comida, aunque con la particularidad de que suele estar asociada a rigideces en el cuello.

El animal no sólo estará sentado, sino que permanecerá durante largo tiempo en una postura muy tensa, huyendo del dolor que le produce determinada actitud corporal.

A esta actitud repetitiva del comportamiento físico del perro se la denomina de muchas formas diferentes, entre ellas, el ‘mando del amo’, en una mala traducción del inglés; pero todas vienen a explicar esa situación de aparente atención del perro como si esperara una orden de su amo.

De todo lo comentado hasta aquí, debemos extraer algunas enseñanzas. La primera observar al perro, su conducta, porque el animal nunca nos revelará, como hacemos los humanos, cual es su padecimiento y dolor de fondo.

Y, lo segundo, acudir a un especialista, a un veterinario que pueda descartar otras circunstancias que compromentan la salud del perro o, en su caso, iniciar un tratamiento. Tan sencillo como observar y actuar en consecuencia.

El gato en la naturaleza de sus emociones

¿Cuántas veces nos hemos cruzado con la mirada de nuestro gato y hemos creído atisbar un sentir humano muchas veces aparentemente correspondido con sus roces, con sus maullidos lastimeros y su constante cercanía física a nosotros?

Los gatos son particularmente expresivos con su cola

La pregunta que tal vez nos hagamos sobre estas sensaciones es cuál es el nivel de afectividad de los gatos y en qué medida sus cuidadores podemos compartirlos. Los nuestros y los suyos.

Para responder a esta pregunta sobre la afectividad de los gatos tenemos que dar un paso hacia atrás y estudiar cual es el origen de estos animales.

Los gatos a diferencia de los perros no tienen vínculos de grupo fuertes, al menos tanto como el de los canes. El motivo es que los gatos tienen pautas de caza individuales en las que no hay cooperación entre los individuos del mismo clan, como sucede con los lobos con los que los perros comparten un origen de instinto. Entre los perros hay jerarquías, individuos dominantes y otros que no lo son y colaboran de diferente forma en favor del grupo.

Se puede decir que, en el caso de los gatos, cada uno va a su aire, y que se juntan unos con otros para procrear y para criar proveer de su alimentación a sus gatitos. Es en espacios cerrados, en nuestras casas, donde han de convivir humanos y hasta gatos con gatos, cuando surgen reglas de comportamiento y relación mucho más establecidas y elaboradas que en el medio natural. Entre ellas, las relaciones de afectividad, tal y como las desarrollan en su entorno social los gatos, por supuesto.

La moderna etología, la ciencia que explica el comportamiento animal, ha descubierto una veintena larga de señales visuales que sirven a los gatos para relacionarse entre sí, y tal como ellos nos ven, también como gatos, para relacionarse con nosotros. Estar atentos a esas señales visuales, conocerlas es adentrarse en el mundo de las emociones de los gatos y una forma de conocerlos mejor, según su lenguaje corporal o visual.

Así, por ejemplo, estirar la cabeza, alargar el cuello, significa algo parecido a saludarse, en la confianza de que nosotros corresponderemos con un toque también en la cabeza o con una caricia en el cuello.

Probablemente, lo que se esconda detrás sea un deseo del gato de que le sirvamos su comida, el pienso que acabamos de comprar en la tienda de animales. Pero, así de pronto, sólo es un saludo formal, una muestra de afecto, si lo miramos de esa manera.

Otro movimiento que también puede resultar fácil de interepretar por los cuidadores del gato es levantar la cola. Los movimientos de la cola podrían relacionarse con la gesticulación de nuestros brazos y manos.

Independientemente del idioma que hable una persona, el nerviosismo con el que gesticula una persona o la parsimonia con la que mueve las manos dicen mucho de su lenguaje hablado, pero también de las emociones vertidas en él.

En el caso de los gatos, la cola y sus movimientos hablan de sus emociones, de su interés y de su estado de ánimo. Así, un gato con la cola levantada, con la punta doblada, apuntando, como si fuera el periscopio de un submarino, mostrará no sólo su interés, sino cual es la dirección de ese interés.

Y si no, póngale lo que constituye su alimentación preferida, su pienso habitual que suele comprar en la tienda de animales para ver cómo el gato levanta la cola.

En cualquier caso, se trata de un comportamiento curioso y algo relajado, porque mientras el animal levanta su apéndice posterior, muestra sus genitales, algo para lo que, en parte ha evolucionado la cola, para conseguir equilibrio en su anatomía, pero también para proteger sus partes. Cuando las descubre sin miedo, podemos decir que el gato se siente razonablemente seguro.

Aún más, la cola además de levantarse, se puede mover, agitar, contraer, estirar, extender, moverse a un lado y a otro. Todo ese repertorio de movimientos y la velocidad con la que se ejecutan no estarán dando pistas sobre sus emociones en el momento en el que se producen. Observándola sabremos si el gato está complacido, asustado, temeroso con todo un repertorio de emociones básicamente idénticas a las nuestras.

Si menea la cola lentamente, de manera acompasada, es que está tranquilo y complacido, si la dobla y pone sus pelos de punta es que está a la defensiva, si está en alto, como hemos dicho, curiosidad, pero si se mueve de un lado a otro en alto, siginifica que está enfadado. Si, en cambio, la mueve pero está en una posición baja, quiere decir sumisión.

¿Y qué podemos decir de la mirada, esos ojos en los que creemos ver un reflejo de nuestros sentimientos humanos?

Pues para las personas el contacto visual es sinónimo de aceptación, supone una adecuada socilización, en el caso de los gatos, como sucede con otros felinos, puede ser constitutivo de una amenaza latente. Mirar fijamente a un gato a los ojos y seguirlo con la cabeza vendría a ser en su lenguaje corporal algo así, como un ‘te vigilo, porque no me fío de ti’.

Otra cosa muy distinta es que el gato tenga los ojos desmesuradamente abiertos y que su vista se ponga en la nuestra. Esa forma de mirar, de conectar con la vista, significa que el gato está, a su manera, contento.

Y si no, fijémonos cuando le servimos su alimentación, o los suplementos bebidos que tanto le gustan y que le dan buen gusto al agua que beben. Sus ojos se abrirán de par en par sólo con vernos coger el saco de su pienso preferido o el bote con su medicina. Reflejo condicionado, sí, pero también emotividad.

Y es que las emociones del gato se dejan ver en su comportamiento corporal, en sus movimientos, en su tensión visual. Si sabemos qué es lo que dice nuestra mascota a través de ellas, hallaremos el puente para vincularnos con sus más sencillas emociones, con su naturaleza animal.

En sintonía con los modales del perro en su mesa

La alimentación de un perro en convivencia con sus cuidadores humanos ha de seguir un estricto ‘protocolo’. Actitudes que no tienen nada que ver con los que marca el sentido que le dan las personas a lo que es importante a la hora de servirse de la comida para alimentarse en su mundo, sino que se relaciona con lo que late de natural en el comportamiento animal del perro, que lo pone en sintonía no con nuestros hábitos sociales, sino con su lado más salvaje. Y hay que saber encontrar ese lado y entenderlo para poder estar en sintonía con el perro.

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Debemos de marcar desde el inicio las pautas en cuanto a la comida

Las formas también son importantes en lo que se refiere a la alimentación de los perros, pero no formas entendidas como educación humana, por supuesto, sino en cuanto a roles y precedencias animales, a los propios del perro.

Así, nunca deberá dársele de comer a un perro antes de que la familia de su ‘superior’ haya comido. Primero han de comer los amos y su familia y luego el perro. Porque, en el mundo de los perros esa es la norma. Y si no, solamente hay que observar a las hembras de perro que están en fase de crianza para caer en la cuenta de que es así.

Primero come ella y luego sus cachorros. La lógica de la supervivencia dice que si ella tiene una alimentación adecuada estará en condiciones de amantar a las crías y que si no es así, sus cachorros y hasta ella no estarán en condiciones de sobrevivir o de crecer fuertes.

El perro tiene que comer siempre a la misma hora. Tanto su comida, la de su alimentación habitual, como el pienso que solemos comprar en la tienda de animales, debe ser dispensada bajo horarios extrictos.

Si llegado el caso, el perro se encuentra entretenido en una tarea, en un juego, o no da muestras de querer su comida y sabemos que está perfectamente sano; lo mejor es retirarle su comida. El perro debe educarse en la costumbre de comer de manera reglada y prestar atención a su alimentación.

Es más, si el animal come fuera de ese horario, se acostumbrará a pedirlo fuera del tiempo asignado, algo que va en contra de los sanos hábitos que hay que inculcarle al perro, pero también para tener cuidado de que su insistencia o la dedicación que debemos tener para sus comidas fuera de hora no compliquen nuestras tareas.

Además de regular sus horarios, que el perro coma en tiempos fijados supone dos beneficios indirectos: Por un lado, se consigue regular las necesidades fisiológicas del animal, y, por otro, reducimos los riesgos de sobrepeso que pueden producirse cuando el animal come fuera de horas y lo hace repetidamente y hasta sin control.

Otro consejo, es muy conveniente dejar que el perro se relaje después de hacer ejercicio para ponerlo a comer. No sólo porque el animal puede estar sobreexitado, y sufrir lo que se conoce como torsión gástrica, un no alineamiento de sus conductos de alimentación; sino porque el cansancio o hasta el agotamiento pueden reducir su apetito o impedirle ingerir los alimentos de manera adecuada.

Sea pienso o comida enlatada como las que también solemos comprar en las tiendas de animales junto a sus suplementos más comunes.

Por tanto, programar las comidas, os juegos y el ejercicio para que no entren en conflicto con sus horarios es una manera de contribuir a la correcta nutrición del perro y una mejor salud del animal.

Más detalles sobre la alimentación. Un perro es un animal que está en continuo aprendizaje. Un aprendizaje que puede ser condicionado directa o indirectamente por nuestros comportamientos, incluso aquellos que no nos resultan evidentes, pero que el perro capta por instinto como una condición.

Así, dar de comer al animal mientras nosotros comemos, como nos referíamos al comienzo del artículo, puede incitar al perro a querer comida en el futuro cuando nos vea sentados en la mesa y hacerlo de forma escandalosa o aparatosa para reclamar nuestra atención.

Si el perro es cachorro, estaremos fijando en su memoria con mucha mayor nitidez esa asociación de comportamientos, que luego serán más complicados de erradicar a medida que vaya ganando edad.

Fíjese bien, si al perro le llega a gustar más la comida humana que se le ha ofrecido, puede incluso rechazar su pienso. Pero para ese caso, la única forma de revertir la situación es no darle opciones. Que las dos únicas alternativas sean o su comida, o su comida. El hambre le hará volver a buscar su alimentación tradicional.

Gatos y humanos, relación de conveniencia

Hace casi 10.000 años que el gato fue domesticado por el hombre. Sin embargo, ese espacio temporal es sólo una referencia estimada, es sólo el dato más antiguo que se conoce sobre el acompañamiento mutuo entre hombres y gatos. Tal vez, la presencia del gato en convivencia con el hombre sea mucho más antigua.

El gato lleva miles de años conviviendo con el hombre

Diferentes estudios recientes sobre el gato hablan de que los felinos domésticos actuales son el resultado de los cruces naturales de cinco variedades de gatos ancestrales africanos, que hace unos 130.000 años iniciaron su distanciamiento de los gatos salvajes.

Si ésto fuera así, si la separación de la línea salvaje se produjo hace más de 100.000 años, tendríamos una convivencia con humanos enormemente más remota. El hombre sería el responsable, con su cultura, con sus necesidades, de arrancar a una rama de los gatos de su entorno silvestre. ¿Por conveniencia para ambos?, probablemente.

El gato encontró protección entre las comunidades humanas que comenzaron a atesorar grano. La presencia de roedores en el entorno de los grupos humanos garantizó su alimentación y cobijo y para las personas el gato se convirtió en un medio disuasor contra las invasiones de ratas y ratones, ofidios y aún de otros insectos que amenazaban la comida humana.

Por otro lado, resulta curioso como el nombre de gato proviene de la denominación que los clásicos romanos y su latín utilizaban para llamar a los gatos salvajes, catus; y que el término felino provenga de la palabra también latina felis, con la que se llamaba a los domésticos.

Esa mezcla de raíces y de significados es también el trasunto de la misma existencia y evolución de nuestros gatos modernos, esos mismos que podemos comprar como cachorros en una tienda de animales, sin ir más lejos.

Las variedades de gatos que conviven con nosotros tienen algo que ver o muy poco que los relacione con los primeros gatos domesticados, los ancestrales rayados de pelaje atigrado que se sabe que vivieron en libertad en el norte de Africa, en lo que hoy es Libia.

Hoy, los gatos domésticos han derivado en un sinfín de razas y subrazas, con extraños aspectos modelados por el hombre y formas físicas también chocantes, algunos sin cola, otros con orejas muy cortas, casi imperceptibles, y otros más sin pelo.

Una hibridación que los convierte en fáciles de manipular desde el punto de vista genético, pero que también los acerca a un riesgo biológico para otras especies afines, con las que su material genético se puede combinar, y, por tanto, someter, a su vez, a hibridación, trastocando la pureza y afinidad de raza de otras variedades de felinos en libertad.

Y es precisamente la convivencia reciente con el hombre, que coincide con el nacimiento de las primeras civilizaciones y con la aparición de las ciudades; lo que le ha dado al gato una flexibilidad en su comportamiento animal que no tienen otros animales domesticados y socializados en el entorno del hombre.

Se podría decir que el gato está a medio domesticar, que algunas razas dependen totalmente de la presencia humana, pero la gran mayoría se comporta aprovechando los recursos de alimentación y de cobijo que les proporcionan los humanos, que pueden dejar casi en cualquier momento por otras ventajas mejores en el medio que les rodea.

Algo que podrán constatar con todo tipo de anécdotas los responsables de una tienda de animales donde se puede comprar la comida y los suplementos de la alimentación de los gatos. Veterinarios, cuidadores, amantes de los gatos podrán decir, desde diferentes experiencias cómo la relación de los gatos con el hombre es de pura necesidad, para uno y para otro.

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