Archive for 30 abril 2012

Cuidados del perro a flor de piel

Algo que motiva mucho a los amantes de los perros es ver a su mascota con un pelaje limpio y brillante, síntoma de que el animal está sano y que los cuidados que le prodiga son los adecuados. Un perro sano es un perro feliz y su propietario tiene todos los números para disfrutarlo.

MascotaSana: Productos para la alimentación y el cuidado de los perros

El cuidado del perro no se refiere sólo a su higiene, sino también tiene gran importancia su correcta alimentación

Ahí están para testimoniarlo las vistosas y agradables estampas de los samoyedos, auténticas bolas blancas de pelo, los castaños brillantes y con reflejos de los setter irlandeses, los irizados del pelo corto de los rottweiller o los largos mechones sueltos al viento de los galgos afganos.

En la actualidad, proliferan las peluquerías caninas y entre los aficionados caninos circula todo tipo de consejos sobre cómo tratar el pelo de los perros, como nos recordará también cualquier profesional de una tienda de animales donde acudamos a comprar la comida y los suplementos para la salud de nuestras mascotas.

Sin embargo, el secreto de ese pelo vistoso de los perros, independientemente de la raza a la que nos refiramos estará en la piel, y, por extensíón, en la dedicación de los propietarios al cuidado de la piel de la que brota el pelo.

Como sucede con los humanos, la piel es el órgano más extenso de su cuerpo, el que, por razones obvias, protege al resto de los que forman su organismo. Tan importante es la piel en el sistema vital del perro, que su estado de salud se traduce de forma muy directa en el aspecto de su piel y en el de su pelo.

Por eso, observar con regularidad cada una de las partes de su pelaje, nos ayudará a descubrir su estado físico, más allá del comportamiento y de lo que nos puedan decir otros indicadores. Faltas de pelo, bultos bajo la piel, manchas o decoloración del pelaje o escamaciones nos advertirán de que algo no va bien en la salud de nuestra mascota.

Pero, la salud de la piel de los perros depende fundamentalmente de dos factores, los cuidados para evitar infecciones y afecciones y la comida. La alimentación es un pilar básico para el buen estado del pelaje del animal.

Un perro que tiene una comida deficiente, con aportes deficitarios en minerales, en vitaminas, será un candidato serio para desarrollar afecciones en la piel que la afearán en el mejor de los casos, o, en el peor, lo enfermarán.

Alimentar de manera adecuada a un perro no es tarea difícil si se tiene el consejo de un veterinario o el más cercano de un profesional de una tienda de animales, que nos dirán qué comida, qué piensos son los más indicados para cada edad y para cada raza.

Más complicado resulta advertir, sobre todo para el cuidador inexperto, donde están los riesgos que pueden afectar a la piel de los canes. Enfermedades, patologías que vamos a comentar en estas líneas con la idea última de dar conocer qué podemos hacer para prevenir las afecciones más comunes y más evidentes.

Así, los ácaros son los responsables de la aparición de una enfermedad relativamente frecuente en los perros, la sarna, la sarna común, la sarna roja, a sarna sarcóptica que tiene el inconveniente, el serio inconveniente, de que es transmisible a los humanos.

Si algunas partes de la piel del perro comienzan a presentar escamaciones o caídas repentinas del pelo, no dude un momento en aislar al animal del contacto intenso con los miembros de la familia, especialmente los niños, y en llevarlo al veterinario.

Las alergias son otro de los problemas de salud asociados al pelaje de los perros. Las reacciones alérgicas pueden desencadenarles afecciones en la piel que son fácilmente detectables por la insistencia acrecentada del perro por rascarse.

El origen de las alergias es de lo más variado, desde un champú inadecuado que hayamos comprado para el animal en una tienda de animales, a algo en su entorno doméstico que le haya activado sus defensas, como el material de una alfombra nueva o un pienso que resulte inadecuado para el can. A las primeras reacciones, lo mejor, como hemos comentado, es acudir al veterinario.

Otro problema de la piel de los perros son las acumulaciones de pus bajo el pelaje, los clásicos abscesos. Infecciones alimentadas por el trabajo de bacterias que también tienen un origen diverso pero que mantienen en común los resultados, la extensión de la infección si no hay tratamiento para contrarrestarla. Lo dicho, una visita al veterinario para que se puedan adoptar medidas que corten de raíz la evolución del proceso infeccioso.

Otra de las grandes causas de las infecciones de la piel de los perros son el trabajo metódico, sí, metódico, de pulgas y garrapatas que viven de la circulación sanguínea de la mascota y que, por tanto, la exponen a infecciones.

Correas antiparásitos, champús y lociones para el mismo fin que podemos comprar también en una tienda de animales nos ayudarán a prevenir la aparición de las molestas pulgas y garrapatas y a prevenir, algo importantísimo en el cuidado de la piel de nuestras mascotas. Téngalo muy en cuenta.

La tiña, la seborrea, el encallecimiento no resuelto o el hipertiroidismo son otras tantas afecciones que derivan en males de la piel con diferentes efectos según el peso, el sexo, la edad, la raza, el tamaño y aún el contacto que tenga con otros perros en su entorno inmediato. Circunstancias menos comunes pero que también están en la literatura veterinaria y son un riesgo que no hay que despreciar.

El pelaje de un perro no está ahí para que lo disfrutemos como parte del encanto del animal, su cuidado forma parte de nuestras responsabilidades para con la salud de la mascota. Nunca mejor dicho, son los cuidados del perro que están y tenemos a flor de piel.

Adiestramiento del perro, la doma de los instintos naturales

La tendencia de cualquier perro no educado es la de guiar su comportamiento en función de sus instintos, en la de sus necesidades. Un comportamiento que podríamos denominar natural que tiene que chocar por fuerza con otras necesidades, con las prioridades de sus cuidadores.

El aprendizaje puede resultar agotador....

En términos muy simples, se podría decir que en el hogar familiar un perro no puede comportarse como un animal salvaje. Si fuera así, la convivencia del perro con sus amigos los humanos sería poco menos que imposible. Por esa razón, es necesaria una educación, educar al perro. Socializar su comportamiento en el entorno de los humanos.

El objetivo de toda enseñanza para la obediencia del perro es facilitar precisamente su adaptación a un entorno, nuestra casa, que no es precisamente el natural del perro y en el que sus comportamientos instintivos apenas tienen sentido.

Por esa razón, nuestra obligación es que el perro adapte su comportamiento a unas reglas, las nuestras, las de sus cuidadores. Algo que, bien llevado con una enseñanza basada fundamentalmente en la constancia, se acabará revelando como la única estrategia posible para garantizar una vida en común entre ‘mamíferos’ tan dispares.

La primera idea que todo cuidador debe tener presente es que cuanto antes se inicie el proceso de enseñanza del perro será mejor para él, para nosotros y para la eficacia del aprendizaje. Se trata de empezar a enseñarlo desde pequeños desde que son cachorros y desde el momento en que entran en casa.

Por mucho que nos duela -y en eso debemos ser firmes- cada una de las enseñanzas deben ser repetidas hasta que la hayan completado correctamente, si no el perro no tendrá claro cual es la norma y la tarea que ha de asimilar. Los errores de desobediencia no se pueden consentir y, como comentábamos, ser constantes en cada ejercicio es primordial.

Otro dato, cada acción deberá llevar aparejada una orden que ha de ser un término vocalizado de una sola sílaba y que tendrá que ser distinto, sonoramente diferente, de una acción a otra.

Alargar las expresiones, por muy contundente que parezcan, sólo conseguirá confundir al perro, como nos recordará con su experiencia, cualquier responsable de una tienda de animales, donde solamos comprar la comida, los piensos que sirven de alimentación al perro.

Una de las enseñanzas básicas es por ejemplo las de acudir a la llamada. Llamar al perro y que venga a nuestro encuentro cuando se lo ordenemos. Una llamada, un sonoro ¡ven!, puede ser suficiente, pero también es necesaria la recompensa que puede ser una caricia o dejar que mordisquee con una cuerda que le resulte familiar y que sea uno de sus juguetes preferidos.

El proceso de hacer que el perro venga hacia nosotros puede inciarse con el apoyo precisamente de una cuerda o una correa larga. Así, tendremos al perro controlado, asido y relativamente cerca como para que nos oiga y, sobre todo, para que preste atención a la orden.

Otra norma de comportamiento básico es hacer sus necesidades en la calle y en los lugares donde podamos recoger sus heces sin molestar a nadie.

Se trata de castigarlo cuando haya hecho sus necesidades en el lugar no deseado y premiarlo cuando lo haga en el sitio correcto. Es importante que el premio y el castigo se realicen en el mismo momento en el que se produce la acción, porque si se hace a destiempo, el perro no la asociará al acto en sí.

Hay que erradicar esa llamémosle enseñanza popular de restregar desagradablemente los excrementos dejados en el lugar inconveniente por el hocico del perro. Puede que el animal comprenda al final que de lo que se trata es de hacer sus necesidades y restregarse el hocico en las heces. Ese método es totalmente contraproducente para alcanzar los fines que deseamos.

Para hacer que se siente, hay que darle la orden al perro y empujarle al mismo tiempo los cuartos traseros hasta que los apoye. Cuando lo haga solo, podemos premiarlo con un pellizco de su comida preferida, un poco de pienso de su alimentación que hayamos podido comprar también en una tienda de animales.

Pararse a nuestro lado es tal vez lo más fácil de enseñar. Se trata de llevarlo atado con correa a nuestro lado, y si a la orden de pararse no obedece, hay que darle un ligero tirón de la correa. El premio puede ser, no tanto ese pellizco de su comida preferida, sino una caricia y unas palabras amables y elocuentes que expresen nuestro contento porque lo haya hecho bien.

Tumbarse o adoptar actitudes y posturas más complejas son parte de un adiestramiento más elaborado y específico, igualmente condicionado con premios y castigos. Pero que podrían estar al alcance de un cuidador motivado y comprometido con la enseñanza de su perro. Todo es cuestión de proponérselo y, sobre todo, de esa constancia de la que hemos estado hablando.