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Lo que nunca debes olvidar al mirar una etiqueta de comida para perros

La salud de los perros pende de un hilo cuando sus dueños no están a la altura, cuando no conocen, ni saben o, peor, no se preocupan de la calidad de la alimentación de las mascotas. Y es que, como en los humanos, los perros son también lo que comen.

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Perro comiendo

Perro comiendo

Para saber lo que comen los perros tampoco hay que ser un lince, sólo hay que leer las etiquetas de la comida o de los piensos con atención. Pero no las que aparecen en la parte más visible del empaquetado o del enlatado. Ya sabes, ‘todo natural’, ‘producto biológico’. Esas calificaciones no suelen ajustarse a la realidad, son interpretables, no son confiables y forman parte de la estrategia comercial de las marcas.

Para saber qué es lo que come tu perro, tienes que darle la vuelta al producto y ver su composición en la etiqueta más pequeña que suele estar situada detrás. En ese marcado, verás enumerados todos los ingredientes de mayor a menor.

Recuerda que los tres primeros componentes suelen representar el 75% del total de la comida. Es sobre los que hay que prestar más atención. Recuérdalo cuando vayas a comprar el pienso para tu mascota en tu tienda de animales de confianza.

En principio, tenemos que comprobar que al menos dos de los tres primeros ingredientes sean proteínas que han de ser denominadas por su nombre exacto. Fuentes muy aceptables de carne pueden ser el pescado, el pollo, el pavo, la carne de res, si no reconoces la fuente de carne por su nombre real, puede que te estén ofreciendo sucedáneos de baja calidad.

Porque no es lo mismo, ‘carne’, que ‘naturaleza cárnica’ o similares. Si es así, el fabricante puede estar utilizando carne indeterminada y de partes no muy deseables de los animales de las que provienen. Algo que para el fabricante resulta más fácil de colocar por su precio más bajo.

También es aceptable que en la composición figure algún tipo de harina basada en proteínas, que siempre serán mejores que otras vegetales que resultan muy difíciles de digerir para los perros. Así, es preferible encontrar harinas de pollo o de pavo que harinas de maíz. De las de maíz hay que huir sí o sí.

Frutas y vegetales

No olvides también que los perros son animales omnívoros, por tanto, también podrás encontrar algunas cantidades de frutas y de verduras en los listados de componentes. Siempre en porcentajes pequeños y por debajo de los tres primeros ingredientes principales que, como decíamos, deben ser proteínas en una gran proporción.

Entre las verduras que pueden especificarse en el etiquetado y que resultan también deseables, podemos encontrar patatas, zanahorias, brócoli, coliflor, judías verdes o batatas.

Con respecto a las frutas, su proporción dentro de la composición de la comida de los perros suele ser muchísimo menor. Pero no se descarta la presencia de plátano, de manzana, de arándanos y de otras bayas afines.

En cuanto a los granos, se trata de una parte de la composición de la alimentación no natural de los perros que siempre resulta controvertida, porque, como ya sabrás, los perros no comen granos. Si lo hacen es porque están en el estómago de la presa animal.

A decir verdad, la gran mayoría de los piensos para perros no incluye ningún tipo de grano. Éso no quiere decir que no haya alguna presencia de arroz, de las variedades que sí admite el sistema digestivo de los perros o incluso cebada o trigo integral.

Por último, recordar que algunos ingredientes causan alergias en los perros, como el citado maíz o su harina. También los conservantes y los colorantes son ingredientes a evitar por la misma razón.

Como ves, el tema de la comida de los perros da para mucho, para mucho observar y para mucho decidir. Para observar bien y para decidir mejor. Todo, por la salud de nuestras mascotas.

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Perros, con el calor, no hay color

Los días de calor son un riesgo potencial para los perros, en la medida en que un aumento de las temperaturas, una mala regulación o del calor corporal y el efecto peligroso de las deshidrataciones pueden llevar a cualquier mascota a correr serios riesgos de salud. O peor, a una muerte súbita.. Y es que con el calor intenso, no hay color. Hay que actuar.

Cuando hace calor tenemos que acordarnos de dale de beber a nuestra mascota para evitar su deshidratación

Cuando hace calor tenemos que acordarnos de dale de beber a nuestra mascota para evitar su deshidratación

En estas líneas, vamos a recoger algunos datos, comentarios, advertencias y consejos que le ayudarán a detectar esos riesgos y a poner remedios adecuados para garantizar el bienestar del animal.

Así, ¿cuándo podemos detectar que nuestros perros acusan el calor? Pues sólo tiene que fijarse en dos aspectos que se ven a simple vista. Una, los perros que acusan un calor excesivo jadean ostensiblemente, y, por otro lado, verá que sus movimientos se muestran lentos, cansinos, y hasta dejará de prestar atención a lo que le gusta, por ejemplo, sus juegos o su comida preferida, sus piensos habituales.

De la misma manera que las personas, ven reducida su vitalidad en los casos de deshidratación, a los perros, como mamíferos que son, les ocurre exactamente lo mismo. Vistas esas dos condiciones, el jadeo acusado y la atonía de los perros, lo primero que hay que hacer es hidratar al animal, y agradecerá beber agua limpia y fresca mucho más que la misma alimentación.

En casos extremos, el acuse de las altas temperaturas deriva en un golpe de calor, una lipotimia, que tendrá que ser tratada inmediatamente por un veterinario. Hablamos de un desvanecimiento del animal. Circunstancia que se ve acusada en aquellos perros de grueso pelaje expuestos a condiciones insoportables de temperatura ambiente.

Con estos comentarios, no resulta muy difícil imaginarse qué condiciones son las que hay que evitar para no exponer a los perros a los efectos nocivos del calor intenso.

Ante todo, debe retirarlos del calor, al aire libre, o de las fuentes que emiten altas temperaturas como calefacciones o calderas o hasta ambientes interiores con temperaturas medias, pero con altas tasas de humedad que aceleran la sensación de calor ambiental.

Por supuesto que hemos de referirnos a esos casos en los que se atan a los perros en el exterior sin tener en cuenta dónde incide el sol durante parte del día o aquellas en los que se deja a los animales en el interior de los coches semicerrados para ir a comprar algo, sin ir más lejos, a una tienda de animales.

Si, se hace para evitar que los perros desaten el caos en la tienda al ver a otros, pero contribuimos, por contra, a afectar a su bienestar. Evítelo, por favor.

Otro detalle que ha de tener en cuenta es que exponer a los perros a correr en días de calor también contribuirá a su deshidratación si no advertimos que tenemos que darles agua para recuperar los fluidos perdidos.

El color de los perros, además del grosor de su pelaje, también puede jugar a favor o en contra de sus condiciones naturales de hidratación. De ese modo, los perros oscuros suelen estar más expuestos que los de color muy claro.

También los de hocicos cortos corren más riesgos en igualdad de condiciones que los que lo tienen largo. El motivo es consecuencia de la particular aireación que experimentan unos perros y otros en función de la longitud de la parte frontal de su cráneo donde se sitúan las aberturas por las que accede el aire a los pulmones.

Por cierto, los perros más grandes regulan peor su calor corporal que, si los comparamos con los pequeños, como nos recordará con su experiencia un veterinario o un responsable de una tienda de animales especializada en perros.

¿Soluciones inteligentes para los días de calor? Pues algo tan simple como llevar a los perros a nadar, al contacto con el agua. Un momento ideal también para rociarlos con mangeras o rociadores, algo que, de seguro, que les encantará.

Sea como sea, el mejor consejo que podemos darle es el de que aplique su sentido común en la línea de comprender que los perros son mamíferos, como usted, y que sus necesidades y padecimientos en realidad no se diferencian mucho, en lo que se refiere al calor, de los que usted mismo conoce en su propia piel.

Costumbres felinas, gatos en hora como relojes

Si usted es amante de los gatos, si los trata y los conoce bien, entonces habrá caído en la cuenta de lo sensibles que son estos felinos y conocerá de su estrecha relación con el entorno.

Gato Feliz

La rutina les ayuda a ser felices

Esa es parte de sus habilidades como cazadores al acecho, herencia de su pasado salvaje, pero también es un atributo que se puede volver contra ellos. Y es que los gatos tan sensibles llegan a sufrir estrés ante los cambios imprevistos. Grandes dosis de estrés continuado pueden llegar incluso a afectarles seriamente a la salud. Si usted ama a los gatos, si desea lo mejor para su mascota, le convendría saber qué es lo que puede hacer en su entorno doméstico para minimizar el impacto del estrés en su pequeño felino.

A fin de cuentas, para mejorar el bienestar del animal, pero también para hacer posible la convivencia de todos en casa. Porque un gato estresado creará problemas por su comportamiento en casa. Antes que nada ¿cómo podremos detectar el estrés en nuestro gato? En principio resulta simple de diagnosticar, no hay que ser un experto para percibirlo. La conducta estresada de un gato se puede asociar de alguna manera a cómo vemos el nerviosismo humano.

Podemos afirmar que cuando los gatos se muestran anormalmente irascibles, agresivos en circunstancias corrientes, de improviso, podemos estar ante un cuadro típico de estrés, descartando otros desencadenantes, por supuesto.

También cuando tras una acción que lo inquieta, su respuesta resulta nerviosa, agresiva o huidiza y se prolonga en el tiempo. Por otro lado, cuando los gatos hacen sus necesidades fuera de la caja de arena que nos apuntamos a comprar en la tienda de animales, pueden también estar calificándose como animales estresados. Igualmente cuando pierden el apetito, cuando no comen su comida, cuando se desentienden de sus piensos y no llevan una alimentación a regla, probablemente estemos también ante un cuadro de estrés.

Sabemos ahora cómo reconocer el nerviosismo en los gatos ¿pero qué es lo que puede desencadenar ese comportamiento? Los motivos pueden ser muchos y muy variados, algunos realmente incompresibles para los humanos, que, por supuesto, piensan en clave humana. Algunas de esas circunstancias pueden ser, por ejemplo, la pérdida de otra mascota, puede ser por el llanto de un bebé, puede ser consecuencia de unas celebraciones ruidosas en casa. O, tal vez, por las obras de construcción en la vivienda de al lado o por algo tan poco lógico -para nosotros- como un cambio de rutina en la comida, en sus piensos, como una modificación de su entorno, un simple cambio en la colocación de un sofá familiar.

Ya habíamos comentado que los gatos son sensibles. Muy sensibles. ¿Qué hacer entonces para reducirles el impacto de esa ansiedad? Pues la respuesta más obvia es evitar todo lo que hemos señalado que le produce ese estado nervioso a los gatos. Vamos a hacerlo sencillo, vamos a dar tres pautas fáciles de aplicar. Unas normas. Norma número uno contra el estrés de los gatos. No realizar cambios de entrono drásticos. ¿Se imagina usted qué sentiría si cuándo al volver a casa descubriera que su coche no está y qué se lo han robado? Algo así es lo que ‘sienten’ los gatos, un susto, un vacío una pérdida, porque un elemento de su entorno, de su entorno -los gatos son muy posesivos y territoriales- de pronto se ha volatilizado.
Tal vez los cambios menos asimilables son los de las apariciones de cosas nuevas en su ambiente, como es el caso de muebles grandes, con formas y olores desconocidos. Si ha de hacer cambios, busque que sean paulatinos, que los pueda ver la mascota. Segundo consejo contra el estrés de los gatos. Cree un espacio libre de estrés en el que el animal se encuentre a su aire de forma independiente.

Una zona insonorizada, un lugar con un ambiente estable y controlado. Sí, esa puede ser una solución. Como ayuda tiene algunos productos que se venden como feromonas envasadas y que aportan aromas que al gato le resultan familiares y los tranquiliza. Puede ser un refuerzo. Recuerde que los tiene a su disposición y que los puede comprar en las tiendas de animales más cercana, junto a sus piensos, a su comida y a sus suplementos. Pídalos por su nombre. Tercera norma contra el estrés de los gatos. En tres palabras, rutina, rutina y rutina. Rutina con mayúsculas, los gatos la necesitan y si usted la tiene en cuenta le aportará un gran beneficio para su mascota.

Pero ¿qué es rutina para un gato? Algo tan simple como comer su comida, sus piensos a su hora, que sus entradas y sus salidas de casa sean previsibles para el felino, un régimen de sueño y de vigilia adaptado a las necesidades del gato no a las suyas, que determinados ruidos antecedan y estén relacionados con ciertos acontecimientos. Puede ser un reto, pero los beneficios para la salud de su mascota se lo merecen. Costumbres felinas, gatos como relojes.

Cuidados del perro a flor de piel

Algo que motiva mucho a los amantes de los perros es ver a su mascota con un pelaje limpio y brillante, síntoma de que el animal está sano y que los cuidados que le prodiga son los adecuados. Un perro sano es un perro feliz y su propietario tiene todos los números para disfrutarlo.

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El cuidado del perro no se refiere sólo a su higiene, sino también tiene gran importancia su correcta alimentación

Ahí están para testimoniarlo las vistosas y agradables estampas de los samoyedos, auténticas bolas blancas de pelo, los castaños brillantes y con reflejos de los setter irlandeses, los irizados del pelo corto de los rottweiller o los largos mechones sueltos al viento de los galgos afganos.

En la actualidad, proliferan las peluquerías caninas y entre los aficionados caninos circula todo tipo de consejos sobre cómo tratar el pelo de los perros, como nos recordará también cualquier profesional de una tienda de animales donde acudamos a comprar la comida y los suplementos para la salud de nuestras mascotas.

Sin embargo, el secreto de ese pelo vistoso de los perros, independientemente de la raza a la que nos refiramos estará en la piel, y, por extensíón, en la dedicación de los propietarios al cuidado de la piel de la que brota el pelo.

Como sucede con los humanos, la piel es el órgano más extenso de su cuerpo, el que, por razones obvias, protege al resto de los que forman su organismo. Tan importante es la piel en el sistema vital del perro, que su estado de salud se traduce de forma muy directa en el aspecto de su piel y en el de su pelo.

Por eso, observar con regularidad cada una de las partes de su pelaje, nos ayudará a descubrir su estado físico, más allá del comportamiento y de lo que nos puedan decir otros indicadores. Faltas de pelo, bultos bajo la piel, manchas o decoloración del pelaje o escamaciones nos advertirán de que algo no va bien en la salud de nuestra mascota.

Pero, la salud de la piel de los perros depende fundamentalmente de dos factores, los cuidados para evitar infecciones y afecciones y la comida. La alimentación es un pilar básico para el buen estado del pelaje del animal.

Un perro que tiene una comida deficiente, con aportes deficitarios en minerales, en vitaminas, será un candidato serio para desarrollar afecciones en la piel que la afearán en el mejor de los casos, o, en el peor, lo enfermarán.

Alimentar de manera adecuada a un perro no es tarea difícil si se tiene el consejo de un veterinario o el más cercano de un profesional de una tienda de animales, que nos dirán qué comida, qué piensos son los más indicados para cada edad y para cada raza.

Más complicado resulta advertir, sobre todo para el cuidador inexperto, donde están los riesgos que pueden afectar a la piel de los canes. Enfermedades, patologías que vamos a comentar en estas líneas con la idea última de dar conocer qué podemos hacer para prevenir las afecciones más comunes y más evidentes.

Así, los ácaros son los responsables de la aparición de una enfermedad relativamente frecuente en los perros, la sarna, la sarna común, la sarna roja, a sarna sarcóptica que tiene el inconveniente, el serio inconveniente, de que es transmisible a los humanos.

Si algunas partes de la piel del perro comienzan a presentar escamaciones o caídas repentinas del pelo, no dude un momento en aislar al animal del contacto intenso con los miembros de la familia, especialmente los niños, y en llevarlo al veterinario.

Las alergias son otro de los problemas de salud asociados al pelaje de los perros. Las reacciones alérgicas pueden desencadenarles afecciones en la piel que son fácilmente detectables por la insistencia acrecentada del perro por rascarse.

El origen de las alergias es de lo más variado, desde un champú inadecuado que hayamos comprado para el animal en una tienda de animales, a algo en su entorno doméstico que le haya activado sus defensas, como el material de una alfombra nueva o un pienso que resulte inadecuado para el can. A las primeras reacciones, lo mejor, como hemos comentado, es acudir al veterinario.

Otro problema de la piel de los perros son las acumulaciones de pus bajo el pelaje, los clásicos abscesos. Infecciones alimentadas por el trabajo de bacterias que también tienen un origen diverso pero que mantienen en común los resultados, la extensión de la infección si no hay tratamiento para contrarrestarla. Lo dicho, una visita al veterinario para que se puedan adoptar medidas que corten de raíz la evolución del proceso infeccioso.

Otra de las grandes causas de las infecciones de la piel de los perros son el trabajo metódico, sí, metódico, de pulgas y garrapatas que viven de la circulación sanguínea de la mascota y que, por tanto, la exponen a infecciones.

Correas antiparásitos, champús y lociones para el mismo fin que podemos comprar también en una tienda de animales nos ayudarán a prevenir la aparición de las molestas pulgas y garrapatas y a prevenir, algo importantísimo en el cuidado de la piel de nuestras mascotas. Téngalo muy en cuenta.

La tiña, la seborrea, el encallecimiento no resuelto o el hipertiroidismo son otras tantas afecciones que derivan en males de la piel con diferentes efectos según el peso, el sexo, la edad, la raza, el tamaño y aún el contacto que tenga con otros perros en su entorno inmediato. Circunstancias menos comunes pero que también están en la literatura veterinaria y son un riesgo que no hay que despreciar.

El pelaje de un perro no está ahí para que lo disfrutemos como parte del encanto del animal, su cuidado forma parte de nuestras responsabilidades para con la salud de la mascota. Nunca mejor dicho, son los cuidados del perro que están y tenemos a flor de piel.

Con los gatos siempre hay buena química

Es muy habitual ver esa imagen típica de los gatos, alzando la cabeza, inhalando por las fosas nasales y cerrando los ojos suavemente en un gesto de aparente complacencia. Verlos así, observar esa gesticulación natural, resulta muy agradable, en tanto que el animal parece estar tranquilo y hasta se atisba en ese comportamiento su perfil de animal salvaje.

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Los gatos tienen el olfato muy desarrollado y les permite captar olores a distancias considerables

A simple vista, parece que lo que está haciendo en ese momento el gato es oler su entorno y hacerse una idea de los recursos y de los riesgos que conlleva estar en ese lugar en ese momento. Su gesto relajado nos adelanta que está confome o, lo que es lo mismo, que su mundo, el nuestro, el que forma nuestra hogar, está bajo control, bajo su control.

Todos sabemos que los gatos funcionan así y ese es parte de su encanto natural, por eso los elegimos cuando nos acercamos a comprar sus cachorros en una tienda de animales.

El gato huele cuando entra en un sitio que conoce y hasta cuando se ha cambiado un objeto de sitio, antes de empezar su comida, cuando nos acercamos a él, seamos o no extraños, huele todo y olfatea siempre.

Prueba del poder de ese sentido es el estilo de caza de sus hermanos y primos felinos como animales salvajes. Cazan en la sabana o en lugares más acotados, de cara al viento, para conocer el estado en el que se encuentra su presa, para saber de sus debilidades, para que el aire favorable le traiga esa información vital que será una ventaja cuando se abalance sobre la presa.

El olfato es uno de los sentidos más desarrollados del gato y uno de los que mejor lo capacitan para enfrentarse al mundo. Es una de las ventajas naturales del gato y consecuencia de su evolución como animal salvaje, cuya vista, por mucho que se diga de los felinos, no es tan aguda como imaginamos.

El olfato del gato, como sucede con el hombre, está asociado al sentido del gusto, pero de una manera mucho más especializada y como sólo pueden soñar los seres humanos. El sentido del olfato del gato es tan importante para el animal que incluso las sensaciones olorosas modifican su comportamiento social y sexual.

Los olores de los otros congéneres activan los estímulos de respuesta del sistema límbico del gato y los que generan atracción y, en su caso, rechazo para el apareamiento. Pero hay más, mucho más en el sentido del olfato del gato que podemos descubrir.

El gato tiene lo que podríamos llamar un arma secreta, un complemento original de su olfato, un sexto sentido, que no es el de la intuición, no. Se trata de un sentido químico relacionado con el del gusto y con su capacidad de oler que resulta complicado de entender para nosotros porque no tiene equivalencia en los humanos.

Se trata del órgano de Jacobson, por el nombre de su descubridor y divulgador. El lugar donde se capturan las moléculas con información vital para el gato está en la lengua. En ella, una serie de receptores captan esas esencias que transporta el aire y las conducen a la parte del cerebro del animal que las ha de interpretar.

Si el animal huele a comida antes de iniciar su alimentación se aprestará a evaluar el mensaje olfativo recogido por su lengua. Si la experiencia asociada a ese olor fuera satisfactoria el gato no dudará en empezar su comida. Lo mismo se puede decir de sus suplementos o de cualquier tipo de alimentación entre la que se incluye también el agua que bebe.

Por esa razón, porque el gato fija su alimentación a la información que le deriva su órgano de Jacobson, es por lo que resulta complicado dar de beber un sumplemento vitamínico a un gato. Cualquier veterinario o profesional de una tienda de animales nos sabrá decir cómo sujetar al gato para darle su prescripción cuando no lo hace de forma voluntaria.

El mecanismo de detección de este órgano es ciertamente complicado. El animal recibe las moléculas en su boca y a continuación presiona la lengua contra el paladar para trasladarlas a la abertura de Jacobson con la finalidad de identificarlas.

Este gesto que el animal repite con mucha frecuencia le hace gesticular, algo que a los cuidadores con menos experiencia les parece una actitud displicente, la que reflejamos en el comienzo de este artículo, pero que tiene un nombre -signo de Flehmen- y cumple una finalidad sensorial básica como hemos apuntado.

En realidad lo que huele el gato con su órgano de Jacobson no es por ejemplo la carne de su comida, sino la proporción química contenida en ella, en sus aminoácidos, el azufre o el hierro que forma parte del indicativo olfativo de ese tipo de carne. Y es que cada carne tiene una proporción determinada de elementos químicos y cada una huele de manera distinta. Eso es lo que huele el gato con su órgano de Jacobson.

Así, de simple se puede explicar cómo huelen los gatos con su complicado sistema olfativo. Y es que, con los gatos siempre hay buena química, por descontado.

El gato en la naturaleza de sus emociones

¿Cuántas veces nos hemos cruzado con la mirada de nuestro gato y hemos creído atisbar un sentir humano muchas veces aparentemente correspondido con sus roces, con sus maullidos lastimeros y su constante cercanía física a nosotros?

Los gatos son particularmente expresivos con su cola

La pregunta que tal vez nos hagamos sobre estas sensaciones es cuál es el nivel de afectividad de los gatos y en qué medida sus cuidadores podemos compartirlos. Los nuestros y los suyos.

Para responder a esta pregunta sobre la afectividad de los gatos tenemos que dar un paso hacia atrás y estudiar cual es el origen de estos animales.

Los gatos a diferencia de los perros no tienen vínculos de grupo fuertes, al menos tanto como el de los canes. El motivo es que los gatos tienen pautas de caza individuales en las que no hay cooperación entre los individuos del mismo clan, como sucede con los lobos con los que los perros comparten un origen de instinto. Entre los perros hay jerarquías, individuos dominantes y otros que no lo son y colaboran de diferente forma en favor del grupo.

Se puede decir que, en el caso de los gatos, cada uno va a su aire, y que se juntan unos con otros para procrear y para criar proveer de su alimentación a sus gatitos. Es en espacios cerrados, en nuestras casas, donde han de convivir humanos y hasta gatos con gatos, cuando surgen reglas de comportamiento y relación mucho más establecidas y elaboradas que en el medio natural. Entre ellas, las relaciones de afectividad, tal y como las desarrollan en su entorno social los gatos, por supuesto.

La moderna etología, la ciencia que explica el comportamiento animal, ha descubierto una veintena larga de señales visuales que sirven a los gatos para relacionarse entre sí, y tal como ellos nos ven, también como gatos, para relacionarse con nosotros. Estar atentos a esas señales visuales, conocerlas es adentrarse en el mundo de las emociones de los gatos y una forma de conocerlos mejor, según su lenguaje corporal o visual.

Así, por ejemplo, estirar la cabeza, alargar el cuello, significa algo parecido a saludarse, en la confianza de que nosotros corresponderemos con un toque también en la cabeza o con una caricia en el cuello.

Probablemente, lo que se esconda detrás sea un deseo del gato de que le sirvamos su comida, el pienso que acabamos de comprar en la tienda de animales. Pero, así de pronto, sólo es un saludo formal, una muestra de afecto, si lo miramos de esa manera.

Otro movimiento que también puede resultar fácil de interepretar por los cuidadores del gato es levantar la cola. Los movimientos de la cola podrían relacionarse con la gesticulación de nuestros brazos y manos.

Independientemente del idioma que hable una persona, el nerviosismo con el que gesticula una persona o la parsimonia con la que mueve las manos dicen mucho de su lenguaje hablado, pero también de las emociones vertidas en él.

En el caso de los gatos, la cola y sus movimientos hablan de sus emociones, de su interés y de su estado de ánimo. Así, un gato con la cola levantada, con la punta doblada, apuntando, como si fuera el periscopio de un submarino, mostrará no sólo su interés, sino cual es la dirección de ese interés.

Y si no, póngale lo que constituye su alimentación preferida, su pienso habitual que suele comprar en la tienda de animales para ver cómo el gato levanta la cola.

En cualquier caso, se trata de un comportamiento curioso y algo relajado, porque mientras el animal levanta su apéndice posterior, muestra sus genitales, algo para lo que, en parte ha evolucionado la cola, para conseguir equilibrio en su anatomía, pero también para proteger sus partes. Cuando las descubre sin miedo, podemos decir que el gato se siente razonablemente seguro.

Aún más, la cola además de levantarse, se puede mover, agitar, contraer, estirar, extender, moverse a un lado y a otro. Todo ese repertorio de movimientos y la velocidad con la que se ejecutan no estarán dando pistas sobre sus emociones en el momento en el que se producen. Observándola sabremos si el gato está complacido, asustado, temeroso con todo un repertorio de emociones básicamente idénticas a las nuestras.

Si menea la cola lentamente, de manera acompasada, es que está tranquilo y complacido, si la dobla y pone sus pelos de punta es que está a la defensiva, si está en alto, como hemos dicho, curiosidad, pero si se mueve de un lado a otro en alto, siginifica que está enfadado. Si, en cambio, la mueve pero está en una posición baja, quiere decir sumisión.

¿Y qué podemos decir de la mirada, esos ojos en los que creemos ver un reflejo de nuestros sentimientos humanos?

Pues para las personas el contacto visual es sinónimo de aceptación, supone una adecuada socilización, en el caso de los gatos, como sucede con otros felinos, puede ser constitutivo de una amenaza latente. Mirar fijamente a un gato a los ojos y seguirlo con la cabeza vendría a ser en su lenguaje corporal algo así, como un ‘te vigilo, porque no me fío de ti’.

Otra cosa muy distinta es que el gato tenga los ojos desmesuradamente abiertos y que su vista se ponga en la nuestra. Esa forma de mirar, de conectar con la vista, significa que el gato está, a su manera, contento.

Y si no, fijémonos cuando le servimos su alimentación, o los suplementos bebidos que tanto le gustan y que le dan buen gusto al agua que beben. Sus ojos se abrirán de par en par sólo con vernos coger el saco de su pienso preferido o el bote con su medicina. Reflejo condicionado, sí, pero también emotividad.

Y es que las emociones del gato se dejan ver en su comportamiento corporal, en sus movimientos, en su tensión visual. Si sabemos qué es lo que dice nuestra mascota a través de ellas, hallaremos el puente para vincularnos con sus más sencillas emociones, con su naturaleza animal.

Educación felina, los gatos van a clase

El gato es un animal muy independiente que siempre parece ir a su aire, siempre bajo un comportamiento arreglado a sus intereses y necesidades.

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Ojalá fuese así de fácil educar a los gatos... 😉

Muchos cuidadores encantados con este comportamiento tan característico de los gatos, tan exclusivo, los prefieren así, a su manera, sin reglas más que las suyas, aunque, en ocasiones, ese comportamiento felino desencadene incomodidades o incompatibilidades en el día a día de la limpieza de la casa o en el orden y cuidado del mobiliario o de la ropa de la familia.

También hay cuidadores de gatos que no sospechan que estos animales pueden ser educados para mejorar la convivencia con humanos. Y es que la educación felina sí es posible.

Un primer argumento relacionado con la educación de los gatos es tienen en cuenta, muy en cuenta, que los gatos nunca serán perros, que lo que hemos visto que funciona con los canes, no tiene encaje ni aplicación con los gatos. Una referencia clarificadora. Los perros son animales de manadas, los gatos son más solitarios.

Un perro no exterioriza su agrado por una comida que le gusta con el ronroneo, éso es cosa de gatos, los perros mueven su cola, la agitan. La vocalización del agrado del gato es distinta.

Son sólo detalles, pero ponen en evidencia que la respuesta de ambas especies distintas y que la educación del gato no puede ir paralela a la del perro, ni aún cuando bajo un mismo techo convivan ambos animales en armonía.

De la misma forma que los gatos no se dejan pasear, y mucho menos con correa por la calle, éso es totalmente imposible siquiera para intentarlo; tampoco se pueden poner juntos a dos gatos machos adultos para que, si acaso, se desplacen libremente en un entorno cerrado o acotado. Acabarán enfrentándose. Algo que no tiene porqué suceder con los perros, por ejemplo.

Tampoco se preocupe si el gato tiene un comportamiento dentro del hogar y fuera de él. Se trata del mismo animal que cambia su rol para sobrevivir.

En casa, estará en su territorio, en la calle, en un lugar extraño donde los sonidos le ponen en alerta, estará a la defensiva y hasta arisco. Creer que ese cambio de actitud se debe regañar y es fruto del comportamiento inestable del gato es no estar centrado en la naturaleza de su instinto.

Importante, muy importante. El gato es por naturaleza desconfiado, y, así, proceder a enseñarle rutinas sobre la base del castigo-recompensa, darle sólo comida como se hace con los perros como gratificante a una conducta correcta, también es un error.

La clave es gratificar mediante la constancia y la persuasión y hacerlo con pequeños trozos de comida de su gusto, los que hayamos visto que son una delicia en su alimentación, pero no únicamente eso, también aportarle caricias y al mismo tiempo expresiones sonoras de agradecimiento, suaves, sin estridencias, que el gato pueda relacionar con el desarrollo de una tarea propia, apropiada y correcta.

Funciona muy bien el tono suave, amable y conciliador, van mal los gestos enérgicos y rápidos que el gato puede incluso tomar como acosos y agresiones. Recordemos que se trata de animales muy suceptibles.

Hay que recordar que todas las enseñanzas son más fáciles de implantar en la conducta del gato en su fase de cachorros y que hay que hacerlo con la misma constancia que recomendamos para cualquier situación que planteemos o se nos de en relación con la mascota.

Otro elemento a tener en cuenta. El gato no hará absolutamente ninguna acción si esa tarea no le reporta ningún beneficio. Por tanto, si queremos que no utilice un determinado entorno para sus correrías, lo más razonable es atraerlo a otro lugar con una recompensa, comida seleccionada, juego, con su juguete preferido ése que podemos comprar para ellos en una tienda de animales, y seducción mucha seducción, o mano izquierda, si lo preferimos así.

Pero ¿qué es lo que puede aprender un gato? Pues cuestiones sencillas, pero que pueden resultar útiles. Así, pueden reconocer su nombre, que se les llama. También reconocer los lugares donde hacer sus deposiciones, sus cajitas de la arena, como también saber cuales son sus accesos privilegiados a casa, las gateras.

Y muchas otras cosas valiosas en nuestro mundo, por ejemplo, que no se afilen las uñas en nuestros muebles, o no atisbar alrededor de la jaula del canario o en la colada recién salida de la lavadora.

Simplemente con un siseo temperado pero enérgico al mismo tiempo en el que se produce la tentativa de la acción incorrecta, puede comenzar a ser suficiente.

La compensación, sólo cuando el animal se ha retirado, puede ser como comentamos una voz amable de apoyo y recompensa seguida de una caricia y, por qué no, de una pieza de su comida preferida.

Se trata de aprovecharse de su memoria. Así también se le puede llamar por su nombre cuando se le sirva la comida, éso garantizará su atención cada vez que reclamemos al gato en el futuro por otro motivo.

Y para terminar, si tenía alguna duda del nivel de aprendizaje que puede desarrollar un gato y de su autonomía, escuche lo que pueden contarle los responsables de las tiendas de animales, un veterinario o un amigo que tenga un gato adulto, seguro que más de uno contará historias de gatos que abren puertas con las patas o con la cabeza para indicar que quieren que se les ayude a salir. En esos casos, ¿quién está educando a quién?