Archive for 28 noviembre 2011

En sintonía con los modales del perro en su mesa

La alimentación de un perro en convivencia con sus cuidadores humanos ha de seguir un estricto ‘protocolo’. Actitudes que no tienen nada que ver con los que marca el sentido que le dan las personas a lo que es importante a la hora de servirse de la comida para alimentarse en su mundo, sino que se relaciona con lo que late de natural en el comportamiento animal del perro, que lo pone en sintonía no con nuestros hábitos sociales, sino con su lado más salvaje. Y hay que saber encontrar ese lado y entenderlo para poder estar en sintonía con el perro.

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Debemos de marcar desde el inicio las pautas en cuanto a la comida

Las formas también son importantes en lo que se refiere a la alimentación de los perros, pero no formas entendidas como educación humana, por supuesto, sino en cuanto a roles y precedencias animales, a los propios del perro.

Así, nunca deberá dársele de comer a un perro antes de que la familia de su ‘superior’ haya comido. Primero han de comer los amos y su familia y luego el perro. Porque, en el mundo de los perros esa es la norma. Y si no, solamente hay que observar a las hembras de perro que están en fase de crianza para caer en la cuenta de que es así.

Primero come ella y luego sus cachorros. La lógica de la supervivencia dice que si ella tiene una alimentación adecuada estará en condiciones de amantar a las crías y que si no es así, sus cachorros y hasta ella no estarán en condiciones de sobrevivir o de crecer fuertes.

El perro tiene que comer siempre a la misma hora. Tanto su comida, la de su alimentación habitual, como el pienso que solemos comprar en la tienda de animales, debe ser dispensada bajo horarios extrictos.

Si llegado el caso, el perro se encuentra entretenido en una tarea, en un juego, o no da muestras de querer su comida y sabemos que está perfectamente sano; lo mejor es retirarle su comida. El perro debe educarse en la costumbre de comer de manera reglada y prestar atención a su alimentación.

Es más, si el animal come fuera de ese horario, se acostumbrará a pedirlo fuera del tiempo asignado, algo que va en contra de los sanos hábitos que hay que inculcarle al perro, pero también para tener cuidado de que su insistencia o la dedicación que debemos tener para sus comidas fuera de hora no compliquen nuestras tareas.

Además de regular sus horarios, que el perro coma en tiempos fijados supone dos beneficios indirectos: Por un lado, se consigue regular las necesidades fisiológicas del animal, y, por otro, reducimos los riesgos de sobrepeso que pueden producirse cuando el animal come fuera de horas y lo hace repetidamente y hasta sin control.

Otro consejo, es muy conveniente dejar que el perro se relaje después de hacer ejercicio para ponerlo a comer. No sólo porque el animal puede estar sobreexitado, y sufrir lo que se conoce como torsión gástrica, un no alineamiento de sus conductos de alimentación; sino porque el cansancio o hasta el agotamiento pueden reducir su apetito o impedirle ingerir los alimentos de manera adecuada.

Sea pienso o comida enlatada como las que también solemos comprar en las tiendas de animales junto a sus suplementos más comunes.

Por tanto, programar las comidas, os juegos y el ejercicio para que no entren en conflicto con sus horarios es una manera de contribuir a la correcta nutrición del perro y una mejor salud del animal.

Más detalles sobre la alimentación. Un perro es un animal que está en continuo aprendizaje. Un aprendizaje que puede ser condicionado directa o indirectamente por nuestros comportamientos, incluso aquellos que no nos resultan evidentes, pero que el perro capta por instinto como una condición.

Así, dar de comer al animal mientras nosotros comemos, como nos referíamos al comienzo del artículo, puede incitar al perro a querer comida en el futuro cuando nos vea sentados en la mesa y hacerlo de forma escandalosa o aparatosa para reclamar nuestra atención.

Si el perro es cachorro, estaremos fijando en su memoria con mucha mayor nitidez esa asociación de comportamientos, que luego serán más complicados de erradicar a medida que vaya ganando edad.

Fíjese bien, si al perro le llega a gustar más la comida humana que se le ha ofrecido, puede incluso rechazar su pienso. Pero para ese caso, la única forma de revertir la situación es no darle opciones. Que las dos únicas alternativas sean o su comida, o su comida. El hambre le hará volver a buscar su alimentación tradicional.

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Gatos y humanos, relación de conveniencia

Hace casi 10.000 años que el gato fue domesticado por el hombre. Sin embargo, ese espacio temporal es sólo una referencia estimada, es sólo el dato más antiguo que se conoce sobre el acompañamiento mutuo entre hombres y gatos. Tal vez, la presencia del gato en convivencia con el hombre sea mucho más antigua.

El gato lleva miles de años conviviendo con el hombre

Diferentes estudios recientes sobre el gato hablan de que los felinos domésticos actuales son el resultado de los cruces naturales de cinco variedades de gatos ancestrales africanos, que hace unos 130.000 años iniciaron su distanciamiento de los gatos salvajes.

Si ésto fuera así, si la separación de la línea salvaje se produjo hace más de 100.000 años, tendríamos una convivencia con humanos enormemente más remota. El hombre sería el responsable, con su cultura, con sus necesidades, de arrancar a una rama de los gatos de su entorno silvestre. ¿Por conveniencia para ambos?, probablemente.

El gato encontró protección entre las comunidades humanas que comenzaron a atesorar grano. La presencia de roedores en el entorno de los grupos humanos garantizó su alimentación y cobijo y para las personas el gato se convirtió en un medio disuasor contra las invasiones de ratas y ratones, ofidios y aún de otros insectos que amenazaban la comida humana.

Por otro lado, resulta curioso como el nombre de gato proviene de la denominación que los clásicos romanos y su latín utilizaban para llamar a los gatos salvajes, catus; y que el término felino provenga de la palabra también latina felis, con la que se llamaba a los domésticos.

Esa mezcla de raíces y de significados es también el trasunto de la misma existencia y evolución de nuestros gatos modernos, esos mismos que podemos comprar como cachorros en una tienda de animales, sin ir más lejos.

Las variedades de gatos que conviven con nosotros tienen algo que ver o muy poco que los relacione con los primeros gatos domesticados, los ancestrales rayados de pelaje atigrado que se sabe que vivieron en libertad en el norte de Africa, en lo que hoy es Libia.

Hoy, los gatos domésticos han derivado en un sinfín de razas y subrazas, con extraños aspectos modelados por el hombre y formas físicas también chocantes, algunos sin cola, otros con orejas muy cortas, casi imperceptibles, y otros más sin pelo.

Una hibridación que los convierte en fáciles de manipular desde el punto de vista genético, pero que también los acerca a un riesgo biológico para otras especies afines, con las que su material genético se puede combinar, y, por tanto, someter, a su vez, a hibridación, trastocando la pureza y afinidad de raza de otras variedades de felinos en libertad.

Y es precisamente la convivencia reciente con el hombre, que coincide con el nacimiento de las primeras civilizaciones y con la aparición de las ciudades; lo que le ha dado al gato una flexibilidad en su comportamiento animal que no tienen otros animales domesticados y socializados en el entorno del hombre.

Se podría decir que el gato está a medio domesticar, que algunas razas dependen totalmente de la presencia humana, pero la gran mayoría se comporta aprovechando los recursos de alimentación y de cobijo que les proporcionan los humanos, que pueden dejar casi en cualquier momento por otras ventajas mejores en el medio que les rodea.

Algo que podrán constatar con todo tipo de anécdotas los responsables de una tienda de animales donde se puede comprar la comida y los suplementos de la alimentación de los gatos. Veterinarios, cuidadores, amantes de los gatos podrán decir, desde diferentes experiencias cómo la relación de los gatos con el hombre es de pura necesidad, para uno y para otro.