Archive for 28 julio 2011

Los bigotes del gato, entre la funcionalidad y el glamour del felino

Los bigotes de los gatos no son un ornamento por mucho que la cultura popular los haya relacionado como un complemento del glamour del animal.

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El bigote es una fuete de información muy importante para los gatos

Los bigotes, esos pelos largos que salen del hocico del gato y que adquieren curvaturas y formas arabescas son parte del sistema sensorial del animal. Un complemento, en cualquier caso, de sus sentidos.

Si nos fijamos bien, los bigotes de los gatos arrancan no sólo en la zona del hocico, sino que se proyectan en todas direcciones desde la barbilla, los laterales de la cara del gato y sobre los ojos, como ramificaciones orientadas hacia adelante, hacia arriba y hacia los lados. Se trata de pelos muy sensibles, tanto que los gatos que son acicalados por sus cuidadores con cepillos en esa zona se arrancan en arrebatos y revolturas. Son para ver y para no tocar.

Los pelos largos que cubren su cara se denominan sensorios y están llenos de terminaciones nerviosas que aportan información al gato que tiene una vista bastante deficiente, al menos si se la compara con la de otros animales. La compensación a esa falta de agudeza visual es la existencia de los sensorios.

En cualquier caso, se trata de unos atributos que son consecuencia también de la evolución de la especie en su entorno natural originario. Los gatos han de percibir lo que hay a su alrededor y lo hacen con esas auténticas antenas que son capaces de detectar las más mínimas vibraciones del aire, el más corto movimiento de sus presas y, por supuesto, la maleza, la vegetación que hay a su alrededor.

Sólo hace falta ver a los gatos en las tiendas de animales cuando sus cuidadores se acercan con ellos a probar y comprar la última de sus alfombras o el nuevo cubil. Se acercan, huelen y se rozan contra su superficie con los sensorios. Es su forma de relacionarse con el mundo.

Y ¿qué es lo que se puede esperar de un gato que haya perdido parte de sus bigotes o todos? Pues, algo similar a lo que le sucede a los humanos cuando están bajo los efectos de narcóticos o de la influencia de bebidas alcohólicas. Los gatos no pueden medir adecuadamente las distancias, pierden seguridad y su movilidad se demuestra torpe.

En el caso de los gatos de más edad, puede ser motivo de reducción drástica de sus movimientos. Incluso se pueden dar casos en los que los gatos decidan no seguir una alimentación, no comer su pienso, su comida habitual. El resultado puede ser un desajuste en su comportamiento que puede ser más o menos grave.

La sensación que tendrá el cuidador es que el gato ha perdido tono vital, sin embargo, lo que le falta es la seguridad que ha dejado por el camino con la desaparición de sus bigotes.

Se trata de una experiencia bastante común y que cualquier responsable de una tienda de animales puede comprobar. Los gatos pelean entre sí, sobre todo los machos, y en esas refriegas por el liderazgo algunos pierden sus sensorios.

En ese sentido es importante recordar a los niños que suelen jugar con los gatos de la familia el daño que pueden hacer a su mascota si le desaparecen sus bigotes, daño físico y emocional. Recordarles las consecuencias de una mala conducta contra los gatos es también una manera de educarlos en el respeto a los animales.

Otra cuestión a tener en cuenta. Si bien los bigotes de los gatos vuelven a crecer en unas semanas hasta adquirir las proporciones originales, en el caso de que ardan, porque el animal se chamusque, puede darse el caso de que no vuelvan a brotar, con lo que ello significa en perjuicio de las condiciones físicas del animal y para su futuro.

La salud está en la sonrisa del perro

La sudoración en los seres humanos funciona como un eficaz sistema para la regulación de la temperatura corporal. Para conseguir la temperatura óptima, las glándulas sudoríparas humanas segregan la mezcla acuosa que conocemos como sudor y que sirve para refrescar la parte exterior de la piel, la que está más expuesta a las condiciones que impone la insolación y el calor acumulado.

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Este perro no sólo tiene calor, sino que parece estar agotado...

Sin embargo, los perros, nuestras fieles mascotas, no se ajustan a este esquema que para nosotros resulta tan común y familiar. Los perros no tienen glándulas sudoríparas y negocian el mantenimiento de sus temperaturas corporales de manera estable con la lengua. Aunque parezca extraño.

La lengua es la parte del cuerpo con la que el perro consigue, y expresado en términos sencillos, refrescarse. Por esa razón, y por alguna otra más, que también tiene que ver con su particular fisiología, los perros mantienen su hocico abierto, en algunos casos casi permanentemente abierto, como en los momentos en los que la temperatura ambiente está por encima de lo tolerable.

Por esa razón, por que el perro pierde líquido, como nosotros los humanos sudor por los poros, es por lo que nuestras mascotas acostumbran a tener un exceso de agua en su boca, aspecto que se asocia comúnmente al babeo de los perros.

En los días de calor, abren su boca para regular la temperatura de manera más eficiente. Tan eficiente es este sistema regulatorio, que los perros acostumbran a sacar la lengua para aprovechar aún más las posibilidades de aireación de un instrumento, su lengua, que funciona casi de la misma manera que como opera el radiador del motor de un coche.

Al hilo de este razonamiento, no resulta difícil imaginar la importancia que tiene, por tanto, el cuidado de la boca, y, en especial, el de la lengua para mantener y proteger la transpiración dérmica de base en nuestro perro.

Si para los seres humanos, el mantenimiento de la temperatura corporal está repartida entre los cuatro o cinco metros cuadrados de nuestra piel, en el caso de los perros este sistema vital queda circunscrito a unos pocos centímetros cudrados comprendidos en una zona de su cuerpo tan sensible como expuesta.

Así, del estado de la boca del perro dependerá en buena medida su capacidad y posibilidades para la regulación de la temperatura corporal.

Un mínimo sentido común nos lleva a deducir o a comprender que de una buena alimentación, de un aporte adecuado de suplementos en la comida que podemos comprar en una tienda de animales, sin ir más lejos, dependerá la buena salud bucal de nuestro perro y su sistema regulatorio de temperatura.

La temperatura media de un perro se sitúa en torno a los 39 grados centigrados y el simple jadeo es capaz de reducir la presencia de agua en su cuerpo, porque, como se ha apuntado, la forma en la que se evacúa es através de la pérdida de líquido por su boca.

Así, resulta muy fácil comprender también en qué medida la presencia de liquido en su alimentación es fundamental, no sólo para la correcta nutrición del perro, sino también para su adecuada hidratación.

Algo que cualquier profesional de una tienda de animales, y por supuesto un veterinario, tendrá en cuenta a la hora de aconsejar y proponer comprar el pienso seco o la comida húmeda que puede ser la base de la alimentación regular de nuestro perro.

La observación periódica de la boca y de la lengua de nuestro perro es una manera adecuada de estar atentos a su estado de salud. Cualquier cambio de color de la lengua, su oscurecimiento, u ocasionalmente su blanqueamiento, nos puede dar la pista de que la boca de nuestro perro, y, por extensión, su sistema regulatorio de temperatura puede no estar en condiciones de rendir adecuadamente.

Observar la dentición, prevenir las infecciones con una alimentación y una limpieza adecuadas puede ser el primer paso para conseguir que algo tan natural como estabilizar la temperatura corporal de nuestro perro, sea sólo éso, natural.