Archive for 17 febrero 2015

Razones para abrir tu hogar a ciertos tipos de perros

Los perros son animales de compañía muy especiales. Como especie, ofrece infinidad de variaciones físicas y de carácter que convierten a unos en más o menos adecuados para la convivencia en entornos humanos.

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Perro hogareño.

Perro hogareño.

Adecuados para asimilar el espacio que decidamos compartir con ellos y para el estilo de vida que les proporcionemos. El carácter de los perros, su capacidad natural para adaptarse a nuestros rincones humanos, físicos y emocionales, va por barrios, va por razas.

Así, casos concretos. ¿qué perros serían los más indicados para compartir viviendas y apartamentos, cuáles toleran mejor el trato con las personas en ambientes marcadamente domésticos y de dimensiones reducidas? De éso vamos a hablar, estas son las claves de una convivencia estrecha con algunas razas de perros bajo esas condiciones.

-Perros de apartamentos y domicilios familiares. Contrariamente a lo que se suele creer, el tamaño de los perros no siempre se puede relacionar con el espacio en el que debería resultarles más apropiado para vivir.

Se suele decir que los perros grandes no pueden convivir en apartamentos o entornos domésticos, de dimensiones justas, cuando el factor más importante a tener en cuenta es otro, el carácter y la vivacidad de la raza de perro. Y es que hay perros pequeños que están rebosantes de energía y otros más grandes que son todo lo contrario, tranquilos y reposados.

Así, en una lista corta de los que deberían figurar en una casa de familia o en un apartamento podemos incluir el xoloitzcuintli, al maltés, al bichon frise, al boston terrier, al boloñés, al perro de Pomerania finlandés, al pastor del Pirineo o al griffon de Bruselas.

No son para nada recomendables en casa el foxhound americano, el boykin spaniel, el bracco italiano, el malinois belga, el perro pastor irlandés, el gordon setter, el border collie, el catahoula, el airedale terrier o el bergerd picard. Demasiado inquietos, demasiado nerviosos.

-Perros cariñosos con la familia. Hay razas de perros a las que es difícil socializar con humanos. Son independientes, van a su aire o se muestran distantes con comportamientos que poco tienen que ver con el tiempo y el mimo dedicados por la familia desde cachorros. Otros, en cambio, parecen disfrutar del contacto con las personas y hasta se sienten cómodos en casa.

En la lista de los elegidos para disfrutar en un hogar familiar, tenemos al collie común, al pastor australiano, al beagle, al collie barbudo, al basset hound, al corgi galés, al boxer, al bulldog, al pit bull terrier americano, al cesky terrier, al chiuahua, al gran danés, al perro de montaña de los Pirineos, al viejo pastor inglés, al caniche, al doguillo, al pomerania, al puli, y otra vez a nuestro pastor del Pirineo.

-Perros y otros perros. ¿Y qué pasa con los perros que no toleran a otros? Algunos son tan territoriales, tan dominantes que la convivencia puede echar chispas. Entre los perros que no toleran compartir su espacio con otras mascotas tenemos al shar pei chino, al dogo de Burdeos, al mastín napolitano, el staffordshire bull terrier o el chow chow.

Entre los que dicen sí a compartir su espacio doméstico con otros canes podemos incluir al briard, al boyero de Berna, al cockapoo y al king charles spaniel. Amorosos con la gente por más señas.

Nunca está de más consultar a nuestro veterinario sobre las opciones a la hora de elegir perro, tampoco comentarlo a un responsable de una tienda de animales de confianza donde podamos, además, comprar sus piensos y suplementos.

De esta lista se puede extraer una caracteriología básica de los perros que permitirá decidir a quien se puede dejar entrar a cuatro patas en casa.

Razones para abrir una casa a ciertos tipos de perros bien elegidos.

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Aquí paz y aquí gloria en peleas de gatos

Las peleas entre gatos es un asunto que tiene difícil solución. Gatos que combaten entre sí por una cuestión de liderazgo con otras mascotas, como si de animales salvajes se tratara, o como resultado de las luchas que se establecen en los momentos álgidos del celo, cuando las hembras son un reclamo para machos jóvenes y no tan jóvenes.

Un gato enfadado.

Un gato enfadado.

Los gatos, a diferencia de los perros, no presentan una estructura social y un comportamiento asociado centrados en la dominación o en la preeminencia en su escala. Sus agresiones están relacionadas con conductas territoriales o con la depredación, en muchos casos, el origen de la agresividad tiene como base el miedo del animal.

En otras ocasiones, el origen de las peleas es banal, la conducta de juego habitual de los gatos puede ir in crescendo hasta convertirse en manifestaciones de hostilidad pura y dura. La fase en la que los gatos se convierten en animales más territoriales, en cualquier caso, puede prolongarse en diferentes momentos de las edades que van desde los dos a los cinco años. Por desgracia, cuando los gatos viven en entornos domésticos, estos conflictos sociales alcanzan su mayor potencial y virulencia.

Esa es una condición a la que deben enfrentarse los cuidadores, pero también los responsables de las tiendas de animales donde solemos comprar sus piensos, su comida, su alimentación específica y hasta los suplementos.

Pero calificar el problema de las peleas de los gatos como ‘solución difícil’ no quiere decir que no se pueda abordar y que no sea posible llegar a una solución válida que se pueda adaptar a nuestras mascotas, al espacio del que disponemos y hasta a nuestro estilo de vida y horarios. Ése el motivo de este post, aportar soluciones útiles.

La fórmula más simple de acabar con esas peleas de gatos es separarlos, evitar que haya encuentros entre ellos y que se desate la violencia. Si disponemos de patios o de azoteas, o de otros lugares abiertos, podemos distribuirlos en ellos en función de su sociabilidad. Si sólo tenemos dos gatos conflictivos, todo resulta más fácil, si hay más de dos, tenemos entonces que tirar de ingenio de una buena combinatoria de escenarios posibles en los que apoyar un relax para la convivencia con los que seguir dando el mismo trato a cada uno de los animales.

En ocasiones podemos estar de suerte, debido a que el brote de violencia, y las peleas resultantes, no se mantenga en el tiempo, sino que resulte algo esporádico. Lo más sensato, si no se dispone de espacio suficiente para aislar a los gatos -o no se desea tomar esa opción- es recurrir al consejo y a la ayuda técnica de un veterinario de confianza. El uso de medicamentos en los momentos de las peleas. Los más populares para estos casos son:

-Amitriptilina. Se le hace tomar al gato agresor, bien cinco miligramos dos veces al día, o bien una sola dosis de cinco o de diez miligramos por jornada. La cantidad exacta dependerá de la reacción de la mascota a la dosis.

-Medicación para los gatos que son atacados. Se trata de medicar a la mascota que ha sufrido el ataque y para reducir sus niveles de ansiedad. Algo que se puede conocer sólo con la observación del animal, por ejemplo, si sale corriendo, si se muestra excesivamente nervioso o si no deja de mantener erizado su pelaje en todo momento.

Dos medicamentos pueden resultar recomendables, el Diazepam (Valium) o el Buspirona (Buspar). Con ello conseguiremos reducir la reactividad del gato que es atacado y luchar así con uno de los factores de riesgo.

Ya ves que las soluciones que están en la mano de los cuidadores son variadas y adaptables a las condiciones reales del conflicto y del entorno en el que surgen.