Archive for 28 septiembre 2012

Las pulgas juegan a la ruleta rusa en la piel de los perros

Las pulgas son esos diminutos insectos que tanto tememos ver sobre nuestros perros, porque son una muestra de insalubridad con la que no queremos tener nada que ver, pero también porque molestan al propio animal, porque lo hacen rascarse y rascarse, pero por algo más, seguro que sabe de qué se trata. Sí, porque el animal que las cría puede pasárnoslas a nosotros, a otros animales del hogar y a los que más queremos, a los más pequeños de la casa.

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Escuece y pica: Hora de comprobar si nuestra macota tiene parásitos

En este punto, vamos a darle una mala noticia, un factor más para preocuparse. Hablando sólo de cómo puede afectar a los perros, las pulgas más que un incordio que les obliga a rascarse una y otra vez, representan un riesgo que puede ser serio o muy serio para la misma salud del animal.

Las pulgas son parásitos que viven a costa de los perros, pero también son portadoras de enfermedades que pueden ser letales si no se descubren a tiempo.

De eso vamos a hablar en estas líneas del mal papel que pueden hacer las pulgas sobre la piel y el pelaje de los perros. Literalmente, las pulgas juegan a la ruleta rusa con los perros cada vez que los toman como base para sus colonias.

Fíjese bien, las pulgas están presentes, como factor desencadenante de enfermedades, con la ayuda lamentablemente también inestimable de bacterias de nombres difíciles de pronunciar y más aún de recordar.

Las pulgas son responsables de lo que se llama dermatitis parasitarias. La dermatitis parasitaria no es otra cosa que una reacción sobre la piel del animal producto de una extramada sensiblidad hacia algunos jugos que fluyen nada menos que en la saliva de la pulgas.

Los perros reaccionan ante esa dermatitis parasitaria rascándose. Cuando la agresión se mantiene durante mucho tiempo, llegado a un punto, quizá lo de menos sea la dermatitis, porque, a base de rascar en los mismos lugares, los perros llegan a perder pelo, pelaje y piel e infectándose las heridas.

En cualquier caso, lo que tenemos que intentar descubrir antes de que los perros se hagan daño rascándose, para saber que las pulgas están actuando, son una serie de pústulas, localizables allí donde se radican las colonias de pulgas.

Pero sigamos. Hay dos patologías que son también el resultado de la acción de otras tantas bacterias que llegan a la piel de los perros con la ayuda de las pulgas, esos microorganismos patógenos son la bartonella y las rickettsias. Ambas se transmiten por la picadura de estos insectos, y, especialmente la primera resulta ser la más dañina.

La bartonella es capaz de afectar a los perros, pero también a los gatos, a roedores caseros, a animales caseros como el hamster, al conejo o al hurón que son frecuentes tenerlos en casa también como mascotas. Pero más dañinos, porque la bartonella puede dañar la salud de las personas.

En el caso de la rickettsias no es así, pero a los perros afectados hay que tratarlos con antibióticos. En cualquier caso, todo tratamiento dependerá de que un análisis clínico pueda determinar la cepa de la que se trata y la variedad de bacteria que hay que combatir.

La última de las estrellas invitadas al circo de pulgas en que puede convertirse la salud de un perro es la tenia. Un gusano plano de aspecto poco agradable a la vista que puede llegar al sistema digestivo de los perros y hacer estragos con la ayuda también de estos insectos.

No se trata tanto de vigilar la comida, los piensos de los perros, porque la presencia de la tenia es indetectable al ojo humano, sino estudiar las deposiciones de los perros. En ellas, podemos ver, eso sí, a simple vista, y si el animal está afectado; la presencia de proglótidos, los segmentos del cuerpo de las tenias después de que éstas se han reproducido.

Existen vacunas para prevenir el efecto de las enfermedades transmitidas por las pulgas, pero la opción más viable, menos agresiva para los perros es la prevención. Prevención con lociones o un simple collar antipulgas que podemos comprar en una tienda de animales.

Tan sencillo como hacer un seguimiento de la salud, de los hábitos, de la forma en la que consume nuestro perro sus piensos y su comida o la manera en la que muestran sus deposiciones.

Rabia de los gatos, enfermedad de paso lento

La rabia en los gatos es una enfermedad que afecta al sistema nervioso central de los felinos. Un veterinario y hasta un profesional responsable y con experiencia de una tienda de animales sabrá identificar sin ningún problema sus tres etapas, las llamadas prodrómica, la furiosa y la paralítica.

Aunque la rabia no es una enfermedad común en los gatos, por prevención deberíamos vacunarlos

La rabia de los gatos la transmite la mordedura de un animal que ya ha sido infectado por la enfermedad. Por tanto, es muy importante que los gatos no frecuenten ambientes en los que otros gatos no estén controlados veterinariamente.

Otro dato a tener en cuenta es que los gatos inoculados con el virus de la rabia no presentan síntomas de manera inmediata. Pueden seguir su alimentación como si nada pasara por ellos, comer sus piensos, su comida y sus suplementos sin mostrar una falta de apetito apreciable.

Y es que la rabia de los gatos se activa con toda su sintomatología a partir de la segunda o quinta semana de que el animal haya sido infectado. Y los síntomas se extienden también por todo su cuerpo de manera progresiva.

Así, ¿cuáles son esos síntomas que nos pueden revelar la aparición de la rabia en los gatos?

Son muchos, pero los que pueden ayudarnos a detectarla a simple vista sólo con observar el comportamiento de los gatos pueden agruparse en torno a una decena de circunstancias. Vamos a verlas una a una.

– Maullidos. Los gatos que están contaminados por la rabia suelen alterar su vocalización, maullan de manera diferente. Un cuidador atento al comportamiento de sus gatos advertirá esos cambios al oído.

– Ojos. Los gatos que padecen de rabia también presentan ojos hinchados y rojos, o una sintomatología que podemos asociar con la de la conjuntivitis que no se diferencia a simple vista de la que padecemos los seres humanos y que usted seguro que sabrá reconocer.

– Babeo. Los gatos con rabia babean y lo hacen de manera constante y exagerada. No se confunda, si ocurre así, en exceso, no se trata de nada que tenga que ver con el reflejo de Paulov. Su gato no babea porque espera con ansiedad su comida o porque reconoce sus sacos de piensos que acaba de comprar en una tienda de animales.

– Irritabilidad. Los gatos que padecen la rabia se muestran irritables, no sólo con los otros gatos, sino con las personas, los cuidadores que los atienden dedicadamente en casa. Incluso se puede dar este comportamiento anómalo en momentos que sabemos que siempre han sido deseados por nuestros felinos, como cuando les ponemos su comida.

– Fiebre. La rabia produce fiebre en los gatos que puede detectarse por el calor anormal que desprende su cabeza y por el comportamiento cansino que se asocia a esa circunstancia. Los gatos se mostrarán poco activos, en comparación con la que desarrollaban en el pasado.

– Comportamiento atípico. Los gatos que sufren rabia se enfrentarán a piedras como si fueran enemigos y se dejarán ver incluso comiendo piedras. Parece broma, pero es real. Los gatos sufren una dislocación de su conducta.

– Vómitos. Los gatos con rabia suelen vomitar, pero, como comentábamos, anteriormente también puede ser el resultado de otra sintomatología común como es la que opera cuando se desarrollan parásitos en su sistema digestivo.

– Pérdidas de peso y de apetito. Los gatos rabiosos dejan de comer y, como consecuencia, van perdiendo peso de manera paulatina. Vigile a su gato y compruebe qué es lo que ha comido de su alimentación habitual, qué ha dejado de sus piensos y si se trata de un comportamiento -dejar de comer toda su comida- que empieza a ser habitual.

– Parálisis. El comienzo de la última fase de la rabia de los gatos suele estar acompañada de dificultades para respirar. Sencillamente, los músculos que gobiernan la respiración dejan de operar adecuadamente. Si nota que su gato no respira adecuadamente o lo hace de manera insuficiente, acuda sin pérdida de tiempo al veterinario. El final de esta fase es irreversible, por esa razón es importante acudir a tiempo a un especialista.

La rabia no es una enfermedad común en los gatos, pero sus consecuencias son demoledoras para los felinos, por éso, hay que poner al animal en manos de un especialista cuando notemos alteraciones en su salud, en su conducta, o en ambas.