Archive for 28 junio 2010

Las razones del extraordinario olfato del perro

A cualquier persona le resulta muy familiar la imagen de un perro en compañía de un policía atento y disciplinado a sus órdenes. El perro comparte trabajo con el agente por una cualidad que lo hace distinguirse de muchos otros animales, su olfato. Un olfato sensible, muy sensible, que lo mantiene como colaborador indispensable en la lucha contra el narcotráfico o en la antiterrorista a la caza de explosivos.

El último fichaje de la policía 😉

El olfato del perro es un sentido sorprendente, se mire por donde se mire. Mientras una persona atesora en sus fosas nasales unos 5 millones de células olfativas, un perro puede tener del orden de 200 ó 300 millones. Un aparato, entre 40 y 60 veces más sensible que el humano.

Pero no es solamente la sensibilidad, hay otras dos variables más que completan el aparato olfativo del perro. Una es la memoria, un perro puede recordar fácilmente su comida por el recuerdo de su olor, y también el de los múltiples matices de su olor. La otra gran ventaja es la amplitud de todo su órgano olfativo. Mientras que en el ser humano ocupa una extensión de unos 5 centímetros, en un perro sano y de mediano tamaño la extensión abarca los 150 centímetros cuadrados, 30 veces más amplio para un animal que puede representar un volumen 3 ó 4 veces menor que el de una persona.

Los seres humanos estamos muy orgullosos de nuestro sentido del gusto, hemos incorporado a nuestro lenguaje cultural todo tipo de elementos que no hacen más que explotar esa cualidad. En el caso del perro, el olfato es su ‘punto gourmet’, el sistema olfativo de un perro es 10.000 veces más sensible que el sentido del gusto.

Un perro es capaz de seguir el rastro de una persona que ha caminado con un calzado de suela por un sendero horas atrás, cómo lo hace puede parecer un misterio, pero si descendemos al nivel de la química y lo relacionamos con las cualidades olfativas del perro, el misterio no lo será tanto. Cuando una persona deambula con un zapato clásico de suela por un terreno irregular deja tras de sí partículas pequeñísimas de ácido butírico que el perro será capaz de distinguir entre millones de sensaciones olfativas distintas.

Lo más sorprendente de todo es que el perro de nuestro caso en cuestión no huele la suela, sino el aroma de la piel de la persona, de su pie, porque, para un perro, es suficiente con que su portador lo haya usado apenas ocho minutos de marcha, el animal lo podrá oler hasta casi 40 horas de haber pasado por el lugar. La magia de la química y el prodigio del sistema olfativo del perro.
Pero la sensibilidad del sistema olfativo del perro no es su única cualidad, lo es también las particularidades de su órgano vomeronasal. A diferencia del humano, el órgano vomeronasal del perro está situado por detrás de la mucosa olfativa, lo suficiente atrás como para estar conectado con la boca del animal.

Así, esta posición le da la posibilidad al perro de obtener los olores y aromas del ambiente, pero también los sabores de las sustancias y de la alimentación, los de los piensos para perros, lamidos o ingeridos por medio de la saliva y, sobre todo, por su paso, por la parte posterior de la mucosa olfativa donde se procesa. Literalmente huele la comida que está digiriendo.

Este sistema olfativo, tan distinto del humano, es importante para distinguir lo que es comestible, la comida que ingiere el perro, la que debe ser su alimentación y la que no. Pero, también es importante para una parte de su conducta. La identificación de unos perros de otros, entre ellos, y para su sexualidad.

Los perros liberan feromonas de forma natural. Las feromonas son sustancias volátiles, olorosas, que desprenden los animales y que su sistema olfativo es capaz de captar con total nitidez. Los olores de las feromonas más fuertes los capta la mucosa nasal, los menos intensos o los más disipados el órgano veromonasal. ¿Cómo sabremos que el animal está ‘investigando’ su entorno, buscando identificaciones? Es fácil. Cuando el perro levanta el labio superior, levanta la cabeza e inhala aire por la boca estará reaccionando y relacionándose con su entorno a nivel olfativo. A esta pauta de conducta tan característica de los perros se le llama conducta flehmen. Esta pauta también incluye, y en algunos animales es muy corriente que sea así, pegar la lengua al paladar al tiempo que alza el hocico.

¿Para qué utiliza el perro su olfato?, pues para detectar, como hemos comentado, qué alimentos son seguros y para reforzar su conducta sexual y social. Cada perro tiene un olor característico que es mucho más que éso, informa sobre su sexo, disposición sexual, edad y hasta el status social dentro del grupo de perros.

El perro es una auténtica caja de sorpresas, en lo que se refiere a su sentido del olfato, un sentido que, para nosotros los humanos constituye uno de los sentidos más importantes de su colaboración con las personas, ayudarnos a velar por nuestra seguridad.

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La selectiva vista del gato

Una de las cualidades que más nos sorprenden de los gatos es su capacidad para adaptarse a la vida nocturna, en especial, su aparente buena visión por la noche, o en condiciones de iluminación deficientes. Pero ¿qué es lo que hace que la visión de los gatos sea mejor con poca luz?. A diferencia de las personas, los gatos tienen ojos que presentan lo que los expertos denominan tapetum lucidum, y que, los profanos llaman ‘alfombra brillante’.

Alimenta bien a tu gato para que matenga una vista perfecta

La ‘alfombra brillante’ de los gatos es una capa fotosensible común a los gatos y a otros animales nocturnos, que les permite ver hasta seis veces mejor que los seres humanos. En las mismas condiciones de luz, un gato es capaz de apreciar objetos en la oscuridad de la noche que para una persona pasarían desapercibidos. El brillo de esta capa fotosensible en el fondo del ojo es lo que le da a los gatos ese fantasmal brillo blanco en la mirada cuando son impactados por una fuente de luz directa.

Una parte de este sistema ocular es el que forman los bastones y los conos, extensiones especialmente fotosensibles a la luz y al color, que en el ojo del gato representan un elemento especialmente abundante. Mientras que entre las personas la proporción es de un cono, sensible al color, por cada cuatro bastones, que se activan con la luz; en los gatos cada cono tiene entre 20 y 35 bastones asociados.

Sin embargo, esta sensibilidad del gato a la luz tiene un perro. Son sensibles a las luz, pero con muy poca capacidad para acomodarse a los cambios de intensidad de la iluminación. ¿Cuántas veces hemos visto a un gato, o a un felino, paralizado por una fuente de luz intensa que lo ha tomado por sorpresa? Su reacción instintiva, a veces de consecuencias nefastas, es la paralización. Paralización para la búsqueda del enfoque que ha perdido durante unos segundos por su mala acomodación visual.

Por esa razón, la contracción de las pupilas del gato es vertical y no horizontal como sucede en los humanos. Cuando la fuente de luz es muy intensa, extrema, los gatos llegan a contraer sus pupilas hasta formar apenas una línea estrecha de color oscuro, a veces imperceptible. Esta es su acomodación a la luz intensa, desde luego, no tan rápida y eficaz como la humana.

Por otro lado, y por este cúmulo de circunstancias, los gatos tienen dificultad para percibir con su vista los objetos estáticos, inanimados. Por esa razón, sus objetos para el juego, que, como productos para mascotas se pueden comprar en las tiendas para animales especializadas; tienen un atractivo especial para los gatos.

Su rango de visión está entre los casi dos metros hasta los seis o siete, fuera de ese intervalo, se puede decir que la mirada del gato está perdida. Por si fuera poco, su visión tridimensional es aceptable, pero peor que la de las personas, y, para su desgracia, no ve todos los colores, que nuestro ojo adaptado es capaz de percibir. Si miráramos con ojos de gato, todo lo veríamos en diferentes tonos de verde y azul. El rojo, el amarillo están fuera de su espectro. Como se ve para la vida visual de un gato, la luz es importante, pero los colores, no.

Y si nos referimos a la amplitud de la visión del gato, habremos de decir que ésta es mucho más envolvente que la humana. Si las personas adultas llegamos con alguna dificultad más allá de los 135 grados, para el gato la visión supera los 180 grados, llega a los 205 grados, o lo que es lo mismo, ve ligeramente hacia atrás. Lo que significa una indudable ventaja en su medio natural salvaje de origen, cuando el animal tenía que estar prevenido en todas direcciones.

Hemos visto que, salvo, la amplitud del arco de visión y la capacidad para distinguir objetos en la noche; el gato ve poco y en pocos colores. Lo que no hemos dicho es que su sentido del oído, muy desarrollado, y la capacidad de su piel y de sus sensorios, los bigotes, para captar los cambios en su entorno, compensan sus limitaciones.

La vista de nuestro gato es uno de sus sentidos principales, su correcta alimentación, con sus piensos y suplementos vitamínicos, forman parte de los cuidados necesarios para que nuestra mascota pueda mantener todas las cualidades innatas de su visión, tan prodigiosa, como selectiva.

Observar a nuestra mascota y percibir directamente todas estas capacidades perceptivas es otro aliciente para valorar la compañía de un animal, indudablemente, singular.