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Gatos diabéticos en lo más estrecho de un vínculo personal

La diabetes es una enfermedad que afecta a los humanos que, por lo común, se ha instalado como una afección más en el conjunto de las dolencias asociadas al desarrollo de las sociedades occidentales modernas. Lo que no es común, o por lo menos no resulta fácil de imaginar, es que los gatos pueden padecerla.

Gato sediento

La ingestión de líquido mucho más alta de lo habitual, podría ser síntoma de diabetes

Pues sí, los gatos domésticos están expuestos a la diabetes y conocer su alcance, las bases en las que se mueve esa enfermedad, sus soluciones y remedios paliativos debe formar parte, por lo menos, de la información básica de un amante de los gatos comprometido con el bienestar de su mascota.

Pero ¿qué es la diabetes? La enfermedad es un trastorno que afecta a cómo procesa el cuerpo la glucosa, el azúcar en sangre. Lo normal es que el sistema digestivo descomponga los alimentos en varias sustancias, entre las que se incluye la glucosa.

La glucosa entra en la circulación sanguínea como un elemento más para ser absorbida por las células que la utilizarán como combustible para las funciones básicas del organismo.

La insulina sería la hormona que activa el proceso. Cuando la insulina no funciona como es debido la gluocosa no se puede procesar y deviene un desigual o nulo aprovechamiento de la energía que podría estar disponible. Así, funciona, en las personas y en los gatos.

La alimentación, los piensos, los suplementos, todo lo que forma parte de la dieta de los gatos constituye la base de una primera y elemental estrategia para mantener a raya a la diabetes.

Así, estudios recientes han demostrado que una alimentación alta de proteínas, como las que necesitan los gatos, pero baja en carbohidratos, resulta más adecuada para evitar la aparición de la diabetes.

Los gatos son eminentemente carnívoros y su organismo no tiene enzimas adecuadas para digerir las proteínas de origen vegetal, por lo que deberían reducirse las cantidades de vegetales como fuentes primarias de proteínas. Si no fuera así, estaríamos tentando a la suerte con la salud de nuestro gato.

La opción más adecuada para regular esa proporción es acudir a un veterinario para que oriente sobre la alimentación de los gatos y acudir a una tienda de animales para comprar los piensos más convenientes para de la mascota.

Pero, para hacerlo con la lección bien aprendida. Para localizar en la composición de la comida que aparece en las etiquetas, aquellas proteínas que son de origen no animal y que deberemos, si no desterrar, sí mantener en un nivel reducido, para, como hemos comentado, no trastocar el equilibrio de la producción de glucosa de la mascota.

Si la alimentación por sí sola, y bajo recomendación de veterinario, no fuera suficiente, su gato necesitaría de un medicamento que podría ser la misma insulina o bien un derivado para la glicemia en pastillas para un tratamiento oral.

En cualquier caso, tenga presente que diferentes investigaciones clínicas han mostrado que ese tipo de tratamientos tarda en ofrecer una respuesta positiva hasta cuatro meses después de haberse iniciado.

Valore si la salud de su gato es tan precaria como para no resistir ese lapso de tiempo tan dilatado.

Otro inconveniente es que una parte importante de los gatos estudiados no parecieron responder al tratamiento de la diabetes con pastillas, por esa razón, la insulina inyectada es probalemente la mejor opción cuando la comida ha dejado de ser el recurso más fácil.

Por otro lado, no deje de asesorarse bien sobre el efecto final de la insulina inyectada porque es conocido que también genera respuestas desiguales de unos gatos a otros, algo que también tiene que valorar con su veterinario.

Por último, un consejo. Mantener los cuidados de un gato que padece diabetes es cosa de rutinas se parece mucho al tratamiento que reciben las personas que la padecen.

Si su veterinario le aconseja que el gato está en condiciones de tenerlo en casa, sepa que habrá de mantenerlo bajo un control, pinchándolo con insulina cuando precise y controlando su sangre con un glucómetro, o, en su caso, con muestras de orina vertidas en tiras especiales.

Independientemente de las condiciones de salud de su gato, su enfermedad pondrá a prueba su vínculo, dedicación y entrega para con su animal. No le quepa duda.

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Dolencia hepática en los perros, la enfermedad silenciosa

Las enfermedades relacionadas con el hígado en el perro son de las de diagnóstico más difícil, porque los primeros signos de la dolencia son inespecíficos, podrían relacionarse con cualquier otro tipo de enfermedad. Hablamos de que un perro con una dolencia hepática puede presentar apenas un cuadro de vómitos, de diarrea, infección de orina y beber agua más de lo habitual.

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Acude cuanto antes al veterinario si observas cualquier anomalía

En cualquier caso, las primeras fases de cualquier enfermedad hepática llevan consigo una hinchazón, un agrandamiento del hígado. Pero, a medida de que la enfermedad, avanza, las células del órgano van muriendo mientras son sustituidas por tejido cicatrizado. Es la cirrosis, una enfermedad irreversible que convierte al hígado en un paquete de aspecto gomoso y rígido.

No obstante, antes de llegar a esa fase final irreversible, el hígado del perro, como el de una persona, puede paliar sus daños y recuperarse. Recuperarse si el tratamiento es adecuado y se interviene a tiempo, como decimos, antes de que la dolencia avance y degenere el órgano.

Piense que para que el hígado del perro comience a fallar realmente han de haberse destruido hasta un 80% de sus células hepáticas, lo que es decir bastante. Se trata de un órgano, en cualquier caso, duro y resistente.

Los signos de insuficiencia hepática en un perro, como también en los humanos, son la ictericia, la encefalopatía hepática, la ascitis, las hemorragias recurrentes, que suelen estar acompañadas de hinchazones en las patas traseras del perro.

La insuficiencia hepática lleva aparejada una acumulación de la bilis en la sangre y en los tejidos, la piel del animal se vuelve sensiblemente amarilla. Es frecuente ver en los perros afectados cómo se amarillea también la mucosas de las encías y de la lengua, el interior de las orejas y cómo los orines de los perros se vuelven amarronados, como si fuera agua con óxido.

Circunstancias que los veterinarios observan en las revisiones periódicas de los perros y una sintomatología que tampoco pasa desapercibida para los responsables de las tiendas de animales donde solemos comprar la comida, el pienso y los suplementos de los perros.

Y si hablamos de los síntomas de la ictericia, tenemos que referirnos a otra circunstancia particular que sucede en el organismo del perro, la de la descomposición, más o menos rápida, de los glóbulos rojos, como consecuencia de la obstrucción de la circulación biliar. Se trata de una manifestación de las dolencias hepáticas muy dañina para los perros.

Por lo que se refiere a la encefalopatía hepática que comentábamos más arriba, se trata de una disfunción cerebral motivada por la presencia elevada de amoniaco y otras toxinas en el flujo sanguíneo. Hay que recordar que el amoniaco es un subproducto presente en el organismo del perro creado en el proceso de metabolización de las proteínas.

Un amoniaco que elimina el hígado de un perro sano, pero que se acumula invariablemente cuando el animal tiene su órgano dañado. Ese amoniaco ejerce de contaminante para las funciones habituales el cerebro de la mascota.

Un perro afectado de encelopatía hepática tendrá falta de coordinación, debilidad pasajera, desorientación, cambios de comportamiento, babeo, miedo y embotamiento mental. Estos síntomas descritos aparecen y desaparecen sin motivo aparente y pueden estar acompañados de convulsiones.

Se trata, en todo caso, de síntomas que deberemos observar en los animales que podemos estar dispuestos a comprar en una tienda de animales y que son muy fáciles de detectar a simple vista. Téngalo en cuenta.

La otra enfermedad hepática que comentábamos en la introducción es la ascitis que no es más que la acumulación de líquido en el abdomen del perro y que los cuidadores menos experimentados pueden confundir con un empacho de comida, del pienso habitual del perro.

Y es que un perro con ascitis tiene una apariencia hinchada. El origen es un descenso de las proteínas en la sangre y un aumento de la presión en las venas que llevan el fluido sanguíneo al hígado.

La prueba de la presencia de la ascitis en el animal es ese vientre aumentado que al golpearse producirá un ruido sordo, como bien saben los veterinarios y los mejores profesionales de las tiendas de animales especializados en perros.

El último de los síntomas relacionados con las dolencias hepáticas que podemos detectar en los perros son esos sangrados espontáneos a los que también nos referíamos antes. Las zonas en las que se verifican los sangrados inadvertidos son el estómago, los intestinos y el tracto urinario.

La sangre suele acompañar al vómito, a las heces, pero también a la orina. Y, si estamos atentos, también las podremos ver en las encías, donde la sangre se mostrará como puntitos bien definidos no más grandes que la cabeza de un alfiler.

Aún más, del mismo modo, se pueden detectar morados en la piel y en los labios del hocico del perro. Si bien el sangrado espontáneo es poco habitual, caso de estar presente en el cuadro de dolencia hepática, es obiligatoria la cirugía, especialmente si las hemorragias competen a zonas muy internas como los intestinos.

Recuerde todos estos síntomas, pero lo más importante, no deje de observar detenidamente a su perro, mientras lo baña, mientra juega con él, es probablemente la forma más sencilla de controlar su salud y adelantarse a sus deficiencias.

Educación felina, los gatos van a clase

El gato es un animal muy independiente que siempre parece ir a su aire, siempre bajo un comportamiento arreglado a sus intereses y necesidades.

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Ojalá fuese así de fácil educar a los gatos... 😉

Muchos cuidadores encantados con este comportamiento tan característico de los gatos, tan exclusivo, los prefieren así, a su manera, sin reglas más que las suyas, aunque, en ocasiones, ese comportamiento felino desencadene incomodidades o incompatibilidades en el día a día de la limpieza de la casa o en el orden y cuidado del mobiliario o de la ropa de la familia.

También hay cuidadores de gatos que no sospechan que estos animales pueden ser educados para mejorar la convivencia con humanos. Y es que la educación felina sí es posible.

Un primer argumento relacionado con la educación de los gatos es tienen en cuenta, muy en cuenta, que los gatos nunca serán perros, que lo que hemos visto que funciona con los canes, no tiene encaje ni aplicación con los gatos. Una referencia clarificadora. Los perros son animales de manadas, los gatos son más solitarios.

Un perro no exterioriza su agrado por una comida que le gusta con el ronroneo, éso es cosa de gatos, los perros mueven su cola, la agitan. La vocalización del agrado del gato es distinta.

Son sólo detalles, pero ponen en evidencia que la respuesta de ambas especies distintas y que la educación del gato no puede ir paralela a la del perro, ni aún cuando bajo un mismo techo convivan ambos animales en armonía.

De la misma forma que los gatos no se dejan pasear, y mucho menos con correa por la calle, éso es totalmente imposible siquiera para intentarlo; tampoco se pueden poner juntos a dos gatos machos adultos para que, si acaso, se desplacen libremente en un entorno cerrado o acotado. Acabarán enfrentándose. Algo que no tiene porqué suceder con los perros, por ejemplo.

Tampoco se preocupe si el gato tiene un comportamiento dentro del hogar y fuera de él. Se trata del mismo animal que cambia su rol para sobrevivir.

En casa, estará en su territorio, en la calle, en un lugar extraño donde los sonidos le ponen en alerta, estará a la defensiva y hasta arisco. Creer que ese cambio de actitud se debe regañar y es fruto del comportamiento inestable del gato es no estar centrado en la naturaleza de su instinto.

Importante, muy importante. El gato es por naturaleza desconfiado, y, así, proceder a enseñarle rutinas sobre la base del castigo-recompensa, darle sólo comida como se hace con los perros como gratificante a una conducta correcta, también es un error.

La clave es gratificar mediante la constancia y la persuasión y hacerlo con pequeños trozos de comida de su gusto, los que hayamos visto que son una delicia en su alimentación, pero no únicamente eso, también aportarle caricias y al mismo tiempo expresiones sonoras de agradecimiento, suaves, sin estridencias, que el gato pueda relacionar con el desarrollo de una tarea propia, apropiada y correcta.

Funciona muy bien el tono suave, amable y conciliador, van mal los gestos enérgicos y rápidos que el gato puede incluso tomar como acosos y agresiones. Recordemos que se trata de animales muy suceptibles.

Hay que recordar que todas las enseñanzas son más fáciles de implantar en la conducta del gato en su fase de cachorros y que hay que hacerlo con la misma constancia que recomendamos para cualquier situación que planteemos o se nos de en relación con la mascota.

Otro elemento a tener en cuenta. El gato no hará absolutamente ninguna acción si esa tarea no le reporta ningún beneficio. Por tanto, si queremos que no utilice un determinado entorno para sus correrías, lo más razonable es atraerlo a otro lugar con una recompensa, comida seleccionada, juego, con su juguete preferido ése que podemos comprar para ellos en una tienda de animales, y seducción mucha seducción, o mano izquierda, si lo preferimos así.

Pero ¿qué es lo que puede aprender un gato? Pues cuestiones sencillas, pero que pueden resultar útiles. Así, pueden reconocer su nombre, que se les llama. También reconocer los lugares donde hacer sus deposiciones, sus cajitas de la arena, como también saber cuales son sus accesos privilegiados a casa, las gateras.

Y muchas otras cosas valiosas en nuestro mundo, por ejemplo, que no se afilen las uñas en nuestros muebles, o no atisbar alrededor de la jaula del canario o en la colada recién salida de la lavadora.

Simplemente con un siseo temperado pero enérgico al mismo tiempo en el que se produce la tentativa de la acción incorrecta, puede comenzar a ser suficiente.

La compensación, sólo cuando el animal se ha retirado, puede ser como comentamos una voz amable de apoyo y recompensa seguida de una caricia y, por qué no, de una pieza de su comida preferida.

Se trata de aprovecharse de su memoria. Así también se le puede llamar por su nombre cuando se le sirva la comida, éso garantizará su atención cada vez que reclamemos al gato en el futuro por otro motivo.

Y para terminar, si tenía alguna duda del nivel de aprendizaje que puede desarrollar un gato y de su autonomía, escuche lo que pueden contarle los responsables de las tiendas de animales, un veterinario o un amigo que tenga un gato adulto, seguro que más de uno contará historias de gatos que abren puertas con las patas o con la cabeza para indicar que quieren que se les ayude a salir. En esos casos, ¿quién está educando a quién?

Los bigotes del gato, entre la funcionalidad y el glamour del felino

Los bigotes de los gatos no son un ornamento por mucho que la cultura popular los haya relacionado como un complemento del glamour del animal.

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El bigote es una fuete de información muy importante para los gatos

Los bigotes, esos pelos largos que salen del hocico del gato y que adquieren curvaturas y formas arabescas son parte del sistema sensorial del animal. Un complemento, en cualquier caso, de sus sentidos.

Si nos fijamos bien, los bigotes de los gatos arrancan no sólo en la zona del hocico, sino que se proyectan en todas direcciones desde la barbilla, los laterales de la cara del gato y sobre los ojos, como ramificaciones orientadas hacia adelante, hacia arriba y hacia los lados. Se trata de pelos muy sensibles, tanto que los gatos que son acicalados por sus cuidadores con cepillos en esa zona se arrancan en arrebatos y revolturas. Son para ver y para no tocar.

Los pelos largos que cubren su cara se denominan sensorios y están llenos de terminaciones nerviosas que aportan información al gato que tiene una vista bastante deficiente, al menos si se la compara con la de otros animales. La compensación a esa falta de agudeza visual es la existencia de los sensorios.

En cualquier caso, se trata de unos atributos que son consecuencia también de la evolución de la especie en su entorno natural originario. Los gatos han de percibir lo que hay a su alrededor y lo hacen con esas auténticas antenas que son capaces de detectar las más mínimas vibraciones del aire, el más corto movimiento de sus presas y, por supuesto, la maleza, la vegetación que hay a su alrededor.

Sólo hace falta ver a los gatos en las tiendas de animales cuando sus cuidadores se acercan con ellos a probar y comprar la última de sus alfombras o el nuevo cubil. Se acercan, huelen y se rozan contra su superficie con los sensorios. Es su forma de relacionarse con el mundo.

Y ¿qué es lo que se puede esperar de un gato que haya perdido parte de sus bigotes o todos? Pues, algo similar a lo que le sucede a los humanos cuando están bajo los efectos de narcóticos o de la influencia de bebidas alcohólicas. Los gatos no pueden medir adecuadamente las distancias, pierden seguridad y su movilidad se demuestra torpe.

En el caso de los gatos de más edad, puede ser motivo de reducción drástica de sus movimientos. Incluso se pueden dar casos en los que los gatos decidan no seguir una alimentación, no comer su pienso, su comida habitual. El resultado puede ser un desajuste en su comportamiento que puede ser más o menos grave.

La sensación que tendrá el cuidador es que el gato ha perdido tono vital, sin embargo, lo que le falta es la seguridad que ha dejado por el camino con la desaparición de sus bigotes.

Se trata de una experiencia bastante común y que cualquier responsable de una tienda de animales puede comprobar. Los gatos pelean entre sí, sobre todo los machos, y en esas refriegas por el liderazgo algunos pierden sus sensorios.

En ese sentido es importante recordar a los niños que suelen jugar con los gatos de la familia el daño que pueden hacer a su mascota si le desaparecen sus bigotes, daño físico y emocional. Recordarles las consecuencias de una mala conducta contra los gatos es también una manera de educarlos en el respeto a los animales.

Otra cuestión a tener en cuenta. Si bien los bigotes de los gatos vuelven a crecer en unas semanas hasta adquirir las proporciones originales, en el caso de que ardan, porque el animal se chamusque, puede darse el caso de que no vuelvan a brotar, con lo que ello significa en perjuicio de las condiciones físicas del animal y para su futuro.

La salud está en la sonrisa del perro

La sudoración en los seres humanos funciona como un eficaz sistema para la regulación de la temperatura corporal. Para conseguir la temperatura óptima, las glándulas sudoríparas humanas segregan la mezcla acuosa que conocemos como sudor y que sirve para refrescar la parte exterior de la piel, la que está más expuesta a las condiciones que impone la insolación y el calor acumulado.

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Este perro no sólo tiene calor, sino que parece estar agotado...

Sin embargo, los perros, nuestras fieles mascotas, no se ajustan a este esquema que para nosotros resulta tan común y familiar. Los perros no tienen glándulas sudoríparas y negocian el mantenimiento de sus temperaturas corporales de manera estable con la lengua. Aunque parezca extraño.

La lengua es la parte del cuerpo con la que el perro consigue, y expresado en términos sencillos, refrescarse. Por esa razón, y por alguna otra más, que también tiene que ver con su particular fisiología, los perros mantienen su hocico abierto, en algunos casos casi permanentemente abierto, como en los momentos en los que la temperatura ambiente está por encima de lo tolerable.

Por esa razón, por que el perro pierde líquido, como nosotros los humanos sudor por los poros, es por lo que nuestras mascotas acostumbran a tener un exceso de agua en su boca, aspecto que se asocia comúnmente al babeo de los perros.

En los días de calor, abren su boca para regular la temperatura de manera más eficiente. Tan eficiente es este sistema regulatorio, que los perros acostumbran a sacar la lengua para aprovechar aún más las posibilidades de aireación de un instrumento, su lengua, que funciona casi de la misma manera que como opera el radiador del motor de un coche.

Al hilo de este razonamiento, no resulta difícil imaginar la importancia que tiene, por tanto, el cuidado de la boca, y, en especial, el de la lengua para mantener y proteger la transpiración dérmica de base en nuestro perro.

Si para los seres humanos, el mantenimiento de la temperatura corporal está repartida entre los cuatro o cinco metros cuadrados de nuestra piel, en el caso de los perros este sistema vital queda circunscrito a unos pocos centímetros cudrados comprendidos en una zona de su cuerpo tan sensible como expuesta.

Así, del estado de la boca del perro dependerá en buena medida su capacidad y posibilidades para la regulación de la temperatura corporal.

Un mínimo sentido común nos lleva a deducir o a comprender que de una buena alimentación, de un aporte adecuado de suplementos en la comida que podemos comprar en una tienda de animales, sin ir más lejos, dependerá la buena salud bucal de nuestro perro y su sistema regulatorio de temperatura.

La temperatura media de un perro se sitúa en torno a los 39 grados centigrados y el simple jadeo es capaz de reducir la presencia de agua en su cuerpo, porque, como se ha apuntado, la forma en la que se evacúa es através de la pérdida de líquido por su boca.

Así, resulta muy fácil comprender también en qué medida la presencia de liquido en su alimentación es fundamental, no sólo para la correcta nutrición del perro, sino también para su adecuada hidratación.

Algo que cualquier profesional de una tienda de animales, y por supuesto un veterinario, tendrá en cuenta a la hora de aconsejar y proponer comprar el pienso seco o la comida húmeda que puede ser la base de la alimentación regular de nuestro perro.

La observación periódica de la boca y de la lengua de nuestro perro es una manera adecuada de estar atentos a su estado de salud. Cualquier cambio de color de la lengua, su oscurecimiento, u ocasionalmente su blanqueamiento, nos puede dar la pista de que la boca de nuestro perro, y, por extensión, su sistema regulatorio de temperatura puede no estar en condiciones de rendir adecuadamente.

Observar la dentición, prevenir las infecciones con una alimentación y una limpieza adecuadas puede ser el primer paso para conseguir que algo tan natural como estabilizar la temperatura corporal de nuestro perro, sea sólo éso, natural.

La sociabilidad el gato, el espíritu de la paciencia

Una definición del comportamiento habitual de los gatos que pudiéramos plantear a cualquier persona, tuviera o no tuviera gatos a su cargo; podría incluir como resultado y seguro que tambíén con mucha frecuencia las palabras astuto, la idea de individualismo o el concepto de rebeldía u otras afines. El comportamiento de los gatos es ése, son esos y mucho más, bien conocidos por el gran público.

¡Santa paciencia! 😉

El comportamiento de los gatos, en cualquier caso, no es fruto de su capricho natural, aunque pudiera parecerlo a simple vista, sino del resultado de su evolución como animal. Como animal en su medio natural y en modo alguno como mascota de compañía, en el entorno de los humanos.

El gato se comporta como si tuviera que sobrevivir en el medio doméstico. Nuestras casas son su territorio, como si hubiera de luchar para conseguir comida, para garantizar su alimentación, como le impone su instinto, a pesar de que con nosotros su vida es, cuando menos, regalada.

Pero, ese comportamiento animal del gato que mantiene una actitud marcadamente individual, mucho más si se la compara con la del perro; ha de estar reglada o regulada en el entorno humano para garantizar la convivencia.

Así, deberíamos hablar entonces de socializar al gato con los humanos. Para conseguir comportamientos tan básicos como la aceptación de su comida, los de sus suplementos vitamínicos o la alimentación variada a la que podemos optar por comodidad cuando vamos a comprar a una tienda de animales.

Lo más importante de la socialización del gato es comprender que un gato siempre será, éso, un gato y que su instinto de gato saldrá a relucir en cualquier circunstancia aunque parezca ausente. Un gato curioseará por los rincones, merodeará por repisas y lugares altos, si puede y lo dejamos.

Un gato se ausentará si se lo permitimos, porque, por ejemplo, el área de caza de un macho puede tener dos kilómetros cuadrados de extensión, mucho más de lo que podemos permitirle entre las cuatro esquinas de nuestros domicilios.

Cualquier acción que queramos reforzar, habremos de autentificarla con muestras de afectos y premios, que pueden ser pequeñas porciones de comida, entregadas directamente en su boca, con palabras amables y caricias por nuestra parte.

El castigo físico, como no puede ser de otra manera, no conduce a ningún lado, y sólo conseguirá que el animal retrase su proceso de aprendizaje.

Aún más, el progreso es menor si el gato no tiene otros congéneres con los que aprender, no tiene una camada de hermanos con los que enfrentar su progreso y se las tiene que ver con la ambivalencia del comportamiento humano.

Hay que recordar que la paciencia de los gatos es su fuerte o tal vez no, según las circunstancias particulares. Sólo se manifiesta cuando forma parte del comportamiento o del hábito más ventajoso, como el que asociamos a la quietud del acecho, que no es otra cosa que una actitud de observación para la caza y la alimentación del animal.

Y es que, aunque el gato disponga de pienso y comida regular, siempre buscará defenderse de lo inesperado, reservando sus energías, montando guardia impertérrito. Atento a movimientos ajenos y hasta a olores del ambiente.

La buena socialización de gato dependerá del tiempo que pase con su madre y si se ha producido un contacto los humanos desde los primeros momentos de su vida. Aún más, si esa relación está presente en el entorno de su madre y ésta la acepta.

El gato se dejará seducir también por la cercanía de los humanos que ha visto con su madre y que le resulta grata y provechosa.

Los gatos sueñan con comida de gatos, los dueños con humanizarlos

Uno de los problemas más serios de los ocasionados por dar alimentación humana a los gatos no supone proporcionar la comida en sí. En muchos casos, no se trata de la receta, sino algo más delicado, la composición de los platos que pueden contener alimentos prohibidos para los felinos.

¿Quién se come a quién? 😉

Espesantes, acidulantes, aglutinantes, edulcorantes y un sinfín de adiciones alimenticias nocivas que no están en el listado de las composiciones de las recetas sino peligrosamente ocultos en su química. Oculta porque los cuidadores no son capaces de valorar su toxicidad y las implicaciones negativas que tiene dispensar esas comidas a los gatos.

Unos platos humanos que les pueden llevar, caso de convertirse en las dietas comunes de estos animales, a hacerles entrar en pérdida, en déficits nutricionales, y, a la larga, ocasionarles la muerte.

La dieta humana suele ser muy fuerte en algunos sentidos, con un alto contenido en calorías que los gatos no necesitan para su vida diaria. Aún más, una alimentación inadeducada que les puede conducir a carencias y de ahí a enfermedades y a la muerte, en ocasiones, para sorpresa de sus cuidadores, que no son conscientes del peligro de alimentar inadecuadamente a su gato.

Cualquier veterinario o profesional de una tienda de animales que conozca en profundidad las variables en las que se mueve la alimentación de los gatos, conocerá por ejemplo de la toxicidad de las cebollas y los ajos.

No por ser picantes, sino porque contienen cantidades variables de eritrocitos, un ingrediente presente en estos condimentos que ataca a los glóbulos rojos de los gatos y que los merma. De la desaparición de los glóbulos rojos, a una anemia perniciosa, sólo hay un paso.

En este país, tan aficionado a las comidas fuertes con ajos y cebollas, alimentar a un gato con comida humana condimentada ordinariamente con esos vegetales, supone un riesgo muy alto para la salud de nuestra mascota.

En las tiendas de animales, se pueden comprar vitaminas y suplementos especiales para gatos que les ayudarán a superar sus deficiencias naturales o no tan naturales.

Deficiencias que pueden ser consecuencia de una alimentación no adecuada o que pueden servir para completar las necesidades nutricionales de unas comidas que se quedan cortas en sus proporciones básicas, cuando los gatos atraviesan enfermedades que los dejan débiles o para las gatas cuando están preñadas.

Sea como sea, los únicos suplementos o vitaminas que realmente son saludables para los gatos son los que estos animales pueden asimilar y metabolizar. Resulta un error muy grave, dar a los gatos vitaminas comunes para los humanos, aún en dosis pequeñas, supuestamente adaptadas para su tamaño. Un error que puede ser mortal.

Y es que las vitaminas, por ejemplo, pueden tener altas concentraciones de hierro para su asimilación, y el hierro representa uno de los enemigos naturales de los gatos, cuyo organismo no puede metabolizarlo.

Los gatos necesitan también una cantidad selectiva de vitamina A en su organismo, porque éste tampoco es capaz de sintetizarlo de forma natural de fuentes habituales, como lo hacen otras mascotas, como el mismo perro.

Así, es habitual que los cuidadores les den esta clase de vitaminas ‘humanas’ a los gatos en la confianza de hacerles un bien para su salud, cuando las consecuencias pueden ser contrarias, totalmente nocivas.

Lo mismo se puede decir del hígado, que se suele administrar a los gatos como una comida natural, aunque no pueden asimilar su composición.

En los casos del pollo y del pescado, por seguir el hilo del análisis de alimentos humanos administrados a los gatos, el riesgo está en los pequeños huesos y en las espinas que pueden clavárseles.

No sólo en el esófago, sino instalarse en el estómago y en los intestinos, hasta el punto de que generen desgarros o sangrados incontrolados en las partes sensibles de las visceras de estos animales, que, de otro lado, como mascotas, no cuentan con el beneficio de los movimientos físicos intensos de los animales en libertad que se añaden a los peristálticos naturales del organismo de los que viven libres.

En consecuencia, lo más razonable para una adecuada alimentación de nuestros gatos caseros es aquella que resulta de los piensos y de la comida seca o húmeda que podemos comprar en cualquier tienda de animales, que ni tiene los componentes, los inconvenientes, ni los riesgos de lo que en la dieta de los gatos resulta totalmente indeseable.