Archive for 28 mayo 2010

El reto de la interpretación del lenguaje de los gatos

El ser humano tiende a proyectar sus conductas en los animales, a ver las actitudes humanas en sus movimientos, en sus gestos y en sus ladridos, maullidos o cantos. Se trata de éso, sólo de una proyección. En realidad, interpretar la conducta animal no es tan sencillo. Muchas publicaciones y productoras de televisión han percibido la necesidad de conocimiento que tienen los propietarios de animales sobre la expresividad de sus mascotas. Y han tenido cierto éxito, se trata de un tema muy popular: Cómo nos ‘hablan’ los perros, los gatos o nuestras aves de jaula.

No cabe duda... el gato está a gusto 😉

Uno de los animales con los que más interactuamos, y cuyo lenguaje puede resultarnos más hermético, es el gato. El gato tiene un repertorio tan amplio de gestos y vocalizaciones, muchas veces sutiles, para los que hay que estar muy atento para identificar su significado. Un reto, el de entender el lenguaje del gato, que puede cerrar aún más el vínculo entre el cuidador y su mascota.
Todo el mundo sabe que los gatos maúllan, que su forma de vocalizar, de verbalizar, empieza y a veces también acaba con un ‘miau’. Pero a lo que hay que estar atento es al tono y a las variaciones del tono, porque ésas son las que nos darán el sentido a la expresión de la vocalización.

Por ejemplo, si un gato quiere su comida, si lo que quiere es su ración diaria de su pienso seco para gatos, ése que vamos a comprar a la tienda de animales, oiremos un sonoro, a veces seco, y fuerte maullido, es su forma de decir ‘tengo hambre’. Se trata de un gesto con el que quieren llamar la atención, porque un hábito repetido les ha llevado a comprender que tras la petición, su proveedor de comida, su cuidador se moviliza para traerle el pienso a su cubeta. Pienso en forma de croquetas que se pueden comprar en una tienda especial de animales.

Otro tipo de maullidos son los débiles, los casi inaudibles, que, acompañados de gestos corporales y de un sutil roce contra nuestro cuerpo y otros objetos estáticos de la casa, nos indican que buscan nuestra compañía, tal vez una caricia. No hay que olvidar que los gatos son animales muy sensibles al tacto, y que disfrutan mucho con ello. Del maullido débil o del que impone, pasamos al largo, al maullido largo, que puede indicar dos cosas distintas, o bien un queja, que el gato está molesto, o bien que está dolido por alguna herida o una afección que puede no estar la vista.

Pero hay que tener cuidado, que un maullido largo puede estar asociado también al deseo de cubrir una necesidad, como puede ser la de que le sirvan sus croquetas o su pienso. El gato puede haber descubierto que si maúlla fuerte, si chilla, puede tener asegurada la ración de comida que fuimos a comprar a la tienda de animales y cuyo paquete vio colocar en el armario donde está su comida. Aprenden muy deprisa. Hay que tener mucho cuidado, porque se trata de educar al gato, no de que el gato nos eduque nosotros.

Los maullidos muy fuertes, en cambio, están asociados a las peleas, a los ataques, y suelen estar acompañados de una gran apertura de ojos y boca, en un gesto desafiante e intimidatorio. Si ése es el gesto que representa en un momento dado su gato, lo más razonable es dejarlo tranquilo. Hay que recordar también que los gatos son, en cierta medida, muy miedosos y reaccionan ante sombras, sonidos y gestos que identifican como hostiles, y que les hacen ponerse en guardia.

También hay que tener en cuenta, si se da el caso, que no es conveniente interrumpir un pelea de gatos, podemos ser nosotros los dañados, nuestra piel es más sensible y más fina que la de estos animales. Es más sensato lanzarles una manta o tirarles un cubo de agua para acabar con el enfrentamiento.
Otro tipo de vocalizaciones de los gatos, son los bufidos o resoplidos, que se identifican con las actitudes de defensa o de disconformidad amenazante o defensiva.

Y si hablamos de actitudes, no podemos olvidar el lenguaje corporal como los gestos que acompaña con su cabeza, sus orejas y su cola. Una cabeza levantada y unas orejas que giran buscando una fuente de emisión de sonido es propia de un gato atento y expectante. La cola elevada indica interés, una cola baja precaución, como cuando se acurruca y su vista queda clavada en un punto, ofreciendo a su imaginaria presa un perfil muy pequeño. La cola gruesa, con sus pelos abiertos, puede significar dos cosas, o placer, o un gesto cercano a la actitud irascible.

A los gatos, hay que comprenderlos, basta con observarlos, porque dejan ver sus emociones entre movimientos y maullidos.

Anuncios

La alimentación con pienso para perro

El sistema digestivo de un perro es similar al de los seres humanos. Sí, en algunos aspectos, bastante semejante, en otros, muy diferente. Los aparatos digestivos, por ejemplo, cumplen la misma función, con los mismos órganos básicos, pero su química y su estructura no son tan iguales. De la correcta asimilación de los nutrientes del pienso para perro, dependerá la salud de su aparato digestivo y la salud general del animal.

La primera diferencia del aparato digestivo del perro está en el hocico y en su sistema dentario. El perro tiene unos cuantos dientes pequeños en la parte anterior del hocico que le sirven para arrancar la carne de los huesos. Tiene colmillos para asir los trozos y rasgarlos. Sus incisivos son también grandes para cortar la comida en los tamaños adecuados. Y unos grandes molares, situados en la parte posterior de la boca, facilitan la trituración de los alimentos, ya sea carne o el mismo pienso para perros que se puede comprar en una tienda especializada de animales.

Perro bien alimentado = Perro sano

Los seres humanos mastican los alimentos y su boca segrega enzimas que ayudan a deglutir previamente los alimentos en la boca antes de descender al estómago. Y aquí, es dónde aparece una de las diferencias con los perros, éstos no mastican el pienso, el perro no puede mover la mandíbula de un lado para otro, sólo de arriba abajo, como si tuviera una bisagra en el lugar en el que se juntan las comisuras de los labios.

En los perros, el pienso pasa directamente de la boca al esófago, humedecida por la saliva y guiada por lengua. El esófago, en esencia es un tubo que se contrae y se estira para llevar la comida hasta el estómago. El trabajo del estómago es preparar la digestión con la ayuda de enzimas y un líquido muy agresivo, el ácido clorhídrico. Si lo tuviéramos que comparar con algo, el estómago de un perro es como una amasadora de cemento, que convierte la masa de la comida en una pasta fluida preparada para pasar al siguiente paso, la travesía por el conducto del intestino delgado. El interior del estómago de un perro, además de estar recubierto por un mucosa muy espesa, es extraordinariamente ácido, tanto que esa mucosa podría quemarnos la piel.

El intestino delgado es también un tubo que tiene una longitud de unas cuatro veces la del propio perro. Está recubierto por dentro de una serie de vellosidades que tienen como misión la de absorber los nutrientes de su alimentación, desde trozos de carne hasta las conocidas croquetas de perro o el pienso que podemos comprar en cualquier tienda de animales.

El intestino delgado tiene una serie de conexiones con otros órganos, como el páncreas, que también segregan enzimas, que ayudan a extraer las proteínas del compuesto de la papilla en la que se ha convertido la comida.
Otro órgano anejo al conducto del intestino delgado es la vesícula biliar que regula el flujo de la bilis, encargada de la descomposición de las grasas presentes en la alimentación del perro.
 
El sistema intestinal de los perros es, a pesar de su longitud, mucho más corto que el de los humanos. Por tanto, el proceso de absorción de las proteínas tiene que ser por fuerza más rápido. Las paredes del intestino delgado absorben igualmente los nutrientes que luego pasan a la sangre, al torrente sanguíneo, y a los demás órganos del cuerpo, en este caso, del perro. Una buena digestión es crucial en el proceso de alimentación y en la salud del perro. Por esa razón, todo esfuerzo de los cuidadores para hallar los piensos para perro equilibrados y los suplementos adecuados acaba por traducirse en una animal de compañía sano.

La última etapa que recorre la comida en el sistema digestivo del perro es la del intestino grueso, donde se acumulan las heces, en los tramos finales, las bacterias ayudan a descomponer las partes de los alimentos más difíciles de digerir.

Un problema que suscita el sistema digestivo de los perros en esta parte del ciclo de su alimentación es que toda aquella comida que no se digiere, formará gas y, en muchas ocasiones, diarreas y vómitos. Hay que estar atento a esta circunstancia. Sí esto ocurre, podremos estar seguro de que algo falla en la alimentación del perro y que una parte de la comida no se ha asimilado correctamente. Hay que recordar, además, que la digestión de un perro puede durar entre 7 y 10 horas, mucho más tiempo que la del hombre.

Un cuidador consciente ha de tener presente siempre que un mal funcionamiento del sistema digestivo de su perro, puede afectar irremisiblemente al sistema inmunológico.

Si entre los humanos, se aplica la expresión ‘eres lo que comes‘, para los perros, el argumento es aún más real.