Educar perros con tres argumentos: Paciencia, paciencia y paciencia

Nos acercamos a comprar un cachorro de perro que nos gusta en una tienda de animales, nos lo llevamos a casa y lo alimentamos y lo criamos con cariño, sentido común y pendientes de sus necesidades, de su alimentación, de su comida, de los suplementos que necesita. Dicho así, el planteamiento suena correcto.

Para que nuestra mascota siga las pautas para la socialización con los humanos, hacer falta mucha paciencia

Sin embargo, hay más, los perros no son objetos que se puedan colocar en casa sin más. Siempre será un animal que obedecerá a sus instintos animales.

Algo que hará que la convivencia pueda irse al traste, si no seguimos unas pautas. Unas pautas que nos lleven a la educación del perro para alcanzar un grado de socialización con los humanos, con las personas viven en la casa, que ayude a integrar al animal en la familia. Por éso, no se trata de comprar perros en una tienda de animales y criarlo. Hay algo más, mucho más que hacer.

Resulta vital para socializar y educar a los perros, comprar el animal cuando es todavía un cachorro, destetado, pero todavía pequeño.

Una perra que haya tenido cachorros los amamantará hasta alrededor de las cinco semanas, o tal vez un poco menos, a partir de la quinta semana, la mamá de los perros ya comenzará a gruñir a sus cachorros para conseguir que se busquen su comida solos y sean independientes.

A las siete semanas de vida de los perros pequeños, su madre dejará de darles leche, simplemente porque le desaparecerá. El momento más conveniente para adoptar a una cría de perro y traerla a casa debería entre esas cuatro, cinco, seis o siete semanas de vida, tal vez hasta la octava.

¿Y por qué es importante educar a los perros, tomarse la molestia de educarlos? Una buena respuesta es una batería de ejemplos, es obvio, pero usted comprenderá porqué.

Nos vale el ejemplo de preguntarle cómo se sentiría si al volver del trabajo se encontrara las esquinas de su salón llenas de los orines de su mascota, roídas sus babuchas de dormir o algunas de sus pertenencias fuera de lugar y arratradas por toda la casa.

Llegar a éso es llegar por una mala o nula educación de los perros. Por situaciones como esas, es necesario socializar y educar al animal desde pequeño.

Una de las claves de la educación de los perros es confinar al animal en un área determinada, que será su lugar de referencia. Un lugar que puede ser un cuarto pequeño o su perrera.

Si acostumbra al animal a hacer de toda la casa su espacio de juego y que pueda deambular por ella a su antojo, luego le resultará prácticamente imposible reubicarlo en un sitio más pequeño.

En ese lugar, que es su lugar, será más fácil controlar sus micciones. Conducirlos desde pequeños al área donde harán sus deposiciones, les ayudará a regular sus esfínteres, a normalizarlos, a pautarlos, pero también a respetar el resto de lugares de la casa donde éso no está permitido.

Lo mismo se puede decir de lo que ha de morder y lo que no ha de roer. Será de gran ayuda, colocarle cerca objetos que puedan masticar, y estimularlos a ello, como muchos de los productos para mascotas que se pueden comprar en una tienda de animales como juguetes para perros.

Aplíquese. Nada más llegar a casa, los perros deben saber quién da las órdenes y qué hábitos son los tolerados y cuáles son los que no lo son.

Nunca deje de sacionar con el acompañamiento de una voz bien firme sobre lo que el perro ha hecho mal, Bastará con un sonoro ‘no’ señalando indicativamente qué es lo que ha resultado incorrecto.

También es conveniente que le compense cuando hace las cosas bien, con caricias y con alguna chuchería de vez en cuando, de esas que se pueden comprar también como productos para mascotas junto a sus piensos en la tienda de animales.

Y, muy importante, muy importante, las voces en el momento en el que se produce, para que el perro asocie la conducta equivocada, con su gesto de desaprobación y su tono reafirmando el mal comportamiento.

Dependiendo de la raza de los perros, la conducta correcta puede asumirse con una reiteración en días consecutivos no llegando a las docena de veces en el mejor de los casos o prolongándose al centenar en razas de perros que podríamos llamar poco colaborativos por naturaleza. Usted, en todos los casos, habrá de armarse de mucha paciencia.

Nunca se desanime si el perro vuelve a incidir en los mismos errores, ármese de esa paciencia y refrésquele la memoria volviendo a repetir sus mismos gestos con idéntica voz firme. El perro recordará y todo volverá a ser como siempre.

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