Con los gatos siempre hay buena química

Es muy habitual ver esa imagen típica de los gatos, alzando la cabeza, inhalando por las fosas nasales y cerrando los ojos suavemente en un gesto de aparente complacencia. Verlos así, observar esa gesticulación natural, resulta muy agradable, en tanto que el animal parece estar tranquilo y hasta se atisba en ese comportamiento su perfil de animal salvaje.

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Los gatos tienen el olfato muy desarrollado y les permite captar olores a distancias considerables

A simple vista, parece que lo que está haciendo en ese momento el gato es oler su entorno y hacerse una idea de los recursos y de los riesgos que conlleva estar en ese lugar en ese momento. Su gesto relajado nos adelanta que está confome o, lo que es lo mismo, que su mundo, el nuestro, el que forma nuestra hogar, está bajo control, bajo su control.

Todos sabemos que los gatos funcionan así y ese es parte de su encanto natural, por eso los elegimos cuando nos acercamos a comprar sus cachorros en una tienda de animales.

El gato huele cuando entra en un sitio que conoce y hasta cuando se ha cambiado un objeto de sitio, antes de empezar su comida, cuando nos acercamos a él, seamos o no extraños, huele todo y olfatea siempre.

Prueba del poder de ese sentido es el estilo de caza de sus hermanos y primos felinos como animales salvajes. Cazan en la sabana o en lugares más acotados, de cara al viento, para conocer el estado en el que se encuentra su presa, para saber de sus debilidades, para que el aire favorable le traiga esa información vital que será una ventaja cuando se abalance sobre la presa.

El olfato es uno de los sentidos más desarrollados del gato y uno de los que mejor lo capacitan para enfrentarse al mundo. Es una de las ventajas naturales del gato y consecuencia de su evolución como animal salvaje, cuya vista, por mucho que se diga de los felinos, no es tan aguda como imaginamos.

El olfato del gato, como sucede con el hombre, está asociado al sentido del gusto, pero de una manera mucho más especializada y como sólo pueden soñar los seres humanos. El sentido del olfato del gato es tan importante para el animal que incluso las sensaciones olorosas modifican su comportamiento social y sexual.

Los olores de los otros congéneres activan los estímulos de respuesta del sistema límbico del gato y los que generan atracción y, en su caso, rechazo para el apareamiento. Pero hay más, mucho más en el sentido del olfato del gato que podemos descubrir.

El gato tiene lo que podríamos llamar un arma secreta, un complemento original de su olfato, un sexto sentido, que no es el de la intuición, no. Se trata de un sentido químico relacionado con el del gusto y con su capacidad de oler que resulta complicado de entender para nosotros porque no tiene equivalencia en los humanos.

Se trata del órgano de Jacobson, por el nombre de su descubridor y divulgador. El lugar donde se capturan las moléculas con información vital para el gato está en la lengua. En ella, una serie de receptores captan esas esencias que transporta el aire y las conducen a la parte del cerebro del animal que las ha de interpretar.

Si el animal huele a comida antes de iniciar su alimentación se aprestará a evaluar el mensaje olfativo recogido por su lengua. Si la experiencia asociada a ese olor fuera satisfactoria el gato no dudará en empezar su comida. Lo mismo se puede decir de sus suplementos o de cualquier tipo de alimentación entre la que se incluye también el agua que bebe.

Por esa razón, porque el gato fija su alimentación a la información que le deriva su órgano de Jacobson, es por lo que resulta complicado dar de beber un sumplemento vitamínico a un gato. Cualquier veterinario o profesional de una tienda de animales nos sabrá decir cómo sujetar al gato para darle su prescripción cuando no lo hace de forma voluntaria.

El mecanismo de detección de este órgano es ciertamente complicado. El animal recibe las moléculas en su boca y a continuación presiona la lengua contra el paladar para trasladarlas a la abertura de Jacobson con la finalidad de identificarlas.

Este gesto que el animal repite con mucha frecuencia le hace gesticular, algo que a los cuidadores con menos experiencia les parece una actitud displicente, la que reflejamos en el comienzo de este artículo, pero que tiene un nombre -signo de Flehmen- y cumple una finalidad sensorial básica como hemos apuntado.

En realidad lo que huele el gato con su órgano de Jacobson no es por ejemplo la carne de su comida, sino la proporción química contenida en ella, en sus aminoácidos, el azufre o el hierro que forma parte del indicativo olfativo de ese tipo de carne. Y es que cada carne tiene una proporción determinada de elementos químicos y cada una huele de manera distinta. Eso es lo que huele el gato con su órgano de Jacobson.

Así, de simple se puede explicar cómo huelen los gatos con su complicado sistema olfativo. Y es que, con los gatos siempre hay buena química, por descontado.

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