Dolor de perros

Los dolores musculares, lo que se conoce como trastornos miopáticos, son una serie de afecciones de la salud que atacan a las personas y que tienen un origen muy diverso.

La detección precoz de trastornos musculares puede ayudar a frenar este tipo de afecciones

Los seres humanos podemos manifestar el alcance de nuestras dolencias musculares y ayudar a resolver el problema, pero en el caso de los animales, en el caso de los perros, por ejemplo, que por supuesto también las padecen, su solución se hace más complicada.

Complicada porque cualquier detección precoz puede ayudar a que, en su caso, el avance de la afección se pueda frenar o incluso revertir, pero en la mayoría de los casos, los cuidadores menos expertos o dedicados confunden los síntomas con otro tipo de alteraciones de la salud y hasta se quedan indecisos para dar el paso de poner al perro en manos de un especialista veterinario que haga frente al problema con un tratamiento a la medida de la dolencia.

Es común, por ejemplo, que se cambie la comida del perro, que se le de otro pienso para perros, en la idea de que el animal pueda estar desganado porque no asimile bien su alimentación. Es más, los cuidadores con menos experiencia suelen acudir en primer lugar a una tienda de animales a comprar suplementos y comida alternativa para que su mascota reaccione a la postración que han detectado.

Porque de eso se trata, el animal afectado por trastornos musculares se queda poco más o menos que postrado con escaso movimiento.

El origen de los dolores físicos, de los trastornos miopáticos en un perro puede ser consecuencia de alteraciones neuronales, degeneraciones típicas de algunas razas o por desgastes de sus músculos, más o menos naturales, en especial en animales mayores y de edad avanzada.

Las condiciones que alertan de trastornos miopáticos en los perros son, por regla general, advertir que las mascotas presentan un aparente estado de debilidad, que no juegan, que permanecen echados durante una parte importante del día contra su costumbre y su carácter.

Es lo que podríamos llamar cierta intolerancia a hacer ejercicios, y todo, aún si se le ofrece su juguete preferido, de esos que podemos comprar en tiendas de animales, juguetes de rodar, saltar o morder, para moverlos y generar estímulos de caza que habitualmente hacen reaccionar a los perros y los activan físicamente.

También se adivinan los trastornos miopáticos en la marcha desacompasada del andar ordinario del perro, cuando revelan una cierta rigidez, o temblores en las articulaciones y en el cuerpo que se pueden confundir con escalofríos, como en los humanos, sobre todo entre los cuidadores menos experimentados y perspicaces.

En casos más complicados, se puede detectar extremidades atrofiadas o contracturadas con dolor que a simple vista se pueden entender como la rotura de ligamentos o hasta de patas partidas porque el animal desarrolla una cojera que induce al cuidador a pensar también en ese argumento.

También suele ser un signo de la presencia de dolores musculares una postura muy frecuente del perro, la de estar sentado sobre sus cuartos traseros, como si esperara su comida, aunque con la particularidad de que suele estar asociada a rigideces en el cuello.

El animal no sólo estará sentado, sino que permanecerá durante largo tiempo en una postura muy tensa, huyendo del dolor que le produce determinada actitud corporal.

A esta actitud repetitiva del comportamiento físico del perro se la denomina de muchas formas diferentes, entre ellas, el ‘mando del amo’, en una mala traducción del inglés; pero todas vienen a explicar esa situación de aparente atención del perro como si esperara una orden de su amo.

De todo lo comentado hasta aquí, debemos extraer algunas enseñanzas. La primera observar al perro, su conducta, porque el animal nunca nos revelará, como hacemos los humanos, cual es su padecimiento y dolor de fondo.

Y, lo segundo, acudir a un especialista, a un veterinario que pueda descartar otras circunstancias que compromentan la salud del perro o, en su caso, iniciar un tratamiento. Tan sencillo como observar y actuar en consecuencia.

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