En sintonía con los modales del perro en su mesa

La alimentación de un perro en convivencia con sus cuidadores humanos ha de seguir un estricto ‘protocolo’. Actitudes que no tienen nada que ver con los que marca el sentido que le dan las personas a lo que es importante a la hora de servirse de la comida para alimentarse en su mundo, sino que se relaciona con lo que late de natural en el comportamiento animal del perro, que lo pone en sintonía no con nuestros hábitos sociales, sino con su lado más salvaje. Y hay que saber encontrar ese lado y entenderlo para poder estar en sintonía con el perro.

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Debemos de marcar desde el inicio las pautas en cuanto a la comida

Las formas también son importantes en lo que se refiere a la alimentación de los perros, pero no formas entendidas como educación humana, por supuesto, sino en cuanto a roles y precedencias animales, a los propios del perro.

Así, nunca deberá dársele de comer a un perro antes de que la familia de su ‘superior’ haya comido. Primero han de comer los amos y su familia y luego el perro. Porque, en el mundo de los perros esa es la norma. Y si no, solamente hay que observar a las hembras de perro que están en fase de crianza para caer en la cuenta de que es así.

Primero come ella y luego sus cachorros. La lógica de la supervivencia dice que si ella tiene una alimentación adecuada estará en condiciones de amantar a las crías y que si no es así, sus cachorros y hasta ella no estarán en condiciones de sobrevivir o de crecer fuertes.

El perro tiene que comer siempre a la misma hora. Tanto su comida, la de su alimentación habitual, como el pienso que solemos comprar en la tienda de animales, debe ser dispensada bajo horarios extrictos.

Si llegado el caso, el perro se encuentra entretenido en una tarea, en un juego, o no da muestras de querer su comida y sabemos que está perfectamente sano; lo mejor es retirarle su comida. El perro debe educarse en la costumbre de comer de manera reglada y prestar atención a su alimentación.

Es más, si el animal come fuera de ese horario, se acostumbrará a pedirlo fuera del tiempo asignado, algo que va en contra de los sanos hábitos que hay que inculcarle al perro, pero también para tener cuidado de que su insistencia o la dedicación que debemos tener para sus comidas fuera de hora no compliquen nuestras tareas.

Además de regular sus horarios, que el perro coma en tiempos fijados supone dos beneficios indirectos: Por un lado, se consigue regular las necesidades fisiológicas del animal, y, por otro, reducimos los riesgos de sobrepeso que pueden producirse cuando el animal come fuera de horas y lo hace repetidamente y hasta sin control.

Otro consejo, es muy conveniente dejar que el perro se relaje después de hacer ejercicio para ponerlo a comer. No sólo porque el animal puede estar sobreexitado, y sufrir lo que se conoce como torsión gástrica, un no alineamiento de sus conductos de alimentación; sino porque el cansancio o hasta el agotamiento pueden reducir su apetito o impedirle ingerir los alimentos de manera adecuada.

Sea pienso o comida enlatada como las que también solemos comprar en las tiendas de animales junto a sus suplementos más comunes.

Por tanto, programar las comidas, os juegos y el ejercicio para que no entren en conflicto con sus horarios es una manera de contribuir a la correcta nutrición del perro y una mejor salud del animal.

Más detalles sobre la alimentación. Un perro es un animal que está en continuo aprendizaje. Un aprendizaje que puede ser condicionado directa o indirectamente por nuestros comportamientos, incluso aquellos que no nos resultan evidentes, pero que el perro capta por instinto como una condición.

Así, dar de comer al animal mientras nosotros comemos, como nos referíamos al comienzo del artículo, puede incitar al perro a querer comida en el futuro cuando nos vea sentados en la mesa y hacerlo de forma escandalosa o aparatosa para reclamar nuestra atención.

Si el perro es cachorro, estaremos fijando en su memoria con mucha mayor nitidez esa asociación de comportamientos, que luego serán más complicados de erradicar a medida que vaya ganando edad.

Fíjese bien, si al perro le llega a gustar más la comida humana que se le ha ofrecido, puede incluso rechazar su pienso. Pero para ese caso, la única forma de revertir la situación es no darle opciones. Que las dos únicas alternativas sean o su comida, o su comida. El hambre le hará volver a buscar su alimentación tradicional.

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