Educación felina, los gatos van a clase

El gato es un animal muy independiente que siempre parece ir a su aire, siempre bajo un comportamiento arreglado a sus intereses y necesidades.

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Ojalá fuese así de fácil educar a los gatos...😉

Muchos cuidadores encantados con este comportamiento tan característico de los gatos, tan exclusivo, los prefieren así, a su manera, sin reglas más que las suyas, aunque, en ocasiones, ese comportamiento felino desencadene incomodidades o incompatibilidades en el día a día de la limpieza de la casa o en el orden y cuidado del mobiliario o de la ropa de la familia.

También hay cuidadores de gatos que no sospechan que estos animales pueden ser educados para mejorar la convivencia con humanos. Y es que la educación felina sí es posible.

Un primer argumento relacionado con la educación de los gatos es tienen en cuenta, muy en cuenta, que los gatos nunca serán perros, que lo que hemos visto que funciona con los canes, no tiene encaje ni aplicación con los gatos. Una referencia clarificadora. Los perros son animales de manadas, los gatos son más solitarios.

Un perro no exterioriza su agrado por una comida que le gusta con el ronroneo, éso es cosa de gatos, los perros mueven su cola, la agitan. La vocalización del agrado del gato es distinta.

Son sólo detalles, pero ponen en evidencia que la respuesta de ambas especies distintas y que la educación del gato no puede ir paralela a la del perro, ni aún cuando bajo un mismo techo convivan ambos animales en armonía.

De la misma forma que los gatos no se dejan pasear, y mucho menos con correa por la calle, éso es totalmente imposible siquiera para intentarlo; tampoco se pueden poner juntos a dos gatos machos adultos para que, si acaso, se desplacen libremente en un entorno cerrado o acotado. Acabarán enfrentándose. Algo que no tiene porqué suceder con los perros, por ejemplo.

Tampoco se preocupe si el gato tiene un comportamiento dentro del hogar y fuera de él. Se trata del mismo animal que cambia su rol para sobrevivir.

En casa, estará en su territorio, en la calle, en un lugar extraño donde los sonidos le ponen en alerta, estará a la defensiva y hasta arisco. Creer que ese cambio de actitud se debe regañar y es fruto del comportamiento inestable del gato es no estar centrado en la naturaleza de su instinto.

Importante, muy importante. El gato es por naturaleza desconfiado, y, así, proceder a enseñarle rutinas sobre la base del castigo-recompensa, darle sólo comida como se hace con los perros como gratificante a una conducta correcta, también es un error.

La clave es gratificar mediante la constancia y la persuasión y hacerlo con pequeños trozos de comida de su gusto, los que hayamos visto que son una delicia en su alimentación, pero no únicamente eso, también aportarle caricias y al mismo tiempo expresiones sonoras de agradecimiento, suaves, sin estridencias, que el gato pueda relacionar con el desarrollo de una tarea propia, apropiada y correcta.

Funciona muy bien el tono suave, amable y conciliador, van mal los gestos enérgicos y rápidos que el gato puede incluso tomar como acosos y agresiones. Recordemos que se trata de animales muy suceptibles.

Hay que recordar que todas las enseñanzas son más fáciles de implantar en la conducta del gato en su fase de cachorros y que hay que hacerlo con la misma constancia que recomendamos para cualquier situación que planteemos o se nos de en relación con la mascota.

Otro elemento a tener en cuenta. El gato no hará absolutamente ninguna acción si esa tarea no le reporta ningún beneficio. Por tanto, si queremos que no utilice un determinado entorno para sus correrías, lo más razonable es atraerlo a otro lugar con una recompensa, comida seleccionada, juego, con su juguete preferido ése que podemos comprar para ellos en una tienda de animales, y seducción mucha seducción, o mano izquierda, si lo preferimos así.

Pero ¿qué es lo que puede aprender un gato? Pues cuestiones sencillas, pero que pueden resultar útiles. Así, pueden reconocer su nombre, que se les llama. También reconocer los lugares donde hacer sus deposiciones, sus cajitas de la arena, como también saber cuales son sus accesos privilegiados a casa, las gateras.

Y muchas otras cosas valiosas en nuestro mundo, por ejemplo, que no se afilen las uñas en nuestros muebles, o no atisbar alrededor de la jaula del canario o en la colada recién salida de la lavadora.

Simplemente con un siseo temperado pero enérgico al mismo tiempo en el que se produce la tentativa de la acción incorrecta, puede comenzar a ser suficiente.

La compensación, sólo cuando el animal se ha retirado, puede ser como comentamos una voz amable de apoyo y recompensa seguida de una caricia y, por qué no, de una pieza de su comida preferida.

Se trata de aprovecharse de su memoria. Así también se le puede llamar por su nombre cuando se le sirva la comida, éso garantizará su atención cada vez que reclamemos al gato en el futuro por otro motivo.

Y para terminar, si tenía alguna duda del nivel de aprendizaje que puede desarrollar un gato y de su autonomía, escuche lo que pueden contarle los responsables de las tiendas de animales, un veterinario o un amigo que tenga un gato adulto, seguro que más de uno contará historias de gatos que abren puertas con las patas o con la cabeza para indicar que quieren que se les ayude a salir. En esos casos, ¿quién está educando a quién?

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